'Abel', 1874-1875
'Abel' (1874-1875), pintura de Bellanger incluida en la muestra Camille Félix Bellanger - © Musée d'Orsay, dist. RMN / Patrice Schmidt

Cuando el museo Leopold de Viena inauguró en 2012 Nackte Männer (Hombres desnudos) se publicitó con carteles que —como era de suponer— hacían referencia al contenido de la muestra. La foto de los artistas franceses Pierre Commoy y Gilles Blanchard (Pierre et Gilles) enseñaba a tres modelos ataviados nada más que con botas de fútbol y calcetines hasta las rodillas. Las críticas no tardaron en llegar y fueron tantas que el museo (sorprendido y divertido por el revuelo que causó la imagen) tuvo que añadir una banda roja para cubrir los genitales.

El Museo d'Orsay de París elogia la exposición austriaca y resalta la necesidad que había de ofrecer un "acercamiento fresco", con una "rigurosa perspectiva histórica" a la representación del hombre desnudo en el arte.

En apoyo a la innovación, la pinacoteca francesa anuncia el estreno el 24 de septiembre de una exposición que sigue la estela del centro vienés. Masculin / Masculin. L'homme nu dans l'art de 1800 à nos jours (Masculino/Masculino. El hombre desnudo en el arte de 1800 hasta nuestros días) —organizada con la colaboración del Leopold— defiende la naturalidad artística de la figura masculina despojada de ropa, mucho más infrecuente que la desnudez femenina.

De la gloria de los héroes a la erotización

Los organizadores destacan que el desnudos masculino fue del siglo XVII al XIX la base del entrenamiento de los artistas académicos tradicionales. Como demostración, el d'Orsay exhibe una amplia selección de su rico catálogo y de otros museos públicos franceses que en conjunto hacen un acercamiento filosófico, sociológico e interpretativo al significado del hombre desnudo en la pintura y la escultura más tradicionales.

Reproducir desnudos masculinos era el entrenamiento académico habitualPara no caer en el obvio recorrido cronológico, las obras están clasificadas en áreas temáticas que repasan los cánones estéticos que se heredaron de la Antigüedad; las reinterpretaciones neoclásicas, simbolistas y contemporáneas que celebran la gloria de los héroes; la fascinación por recrear de modo realista la complejidad del cuerpo humano; la desnudez como estado natural del cuerpo; el sufrimiento y las expresiones de dolor y, finalmente, la erotización.

Cada sección crea un diálogo entre una selección de trabajos separados y muy diferentes entre sí: la sensibilidad barroca de Georges de La Tour y el academicismo de Camille-Félix Bellanger se complementan con la violencia de Francis Bacon, la oscuridad de Edvard Munch, la autoexploración de Egon Schiele, el realismo social de Paul Cadmus y la explicitud de Robert Mapplethorpe. Con la ruptura de los límites temporales (no es frecuente que la pinacoteca exponga trabajos modernos) el centro revela la discreta continuidad de la representación del desnudo masculino, que sigue viéndose como inusual a pesar de los numerosos renacimientos artísticos que ha experimentado.