La Fiscalía de Valencia pide hasta 40 años de cárcel para integrantes de una banda de narcotraficantes que presuntamente torturaron a dos personas a las que responsabilizaban de la desaparición de una partida de cocaína procedente de Ecuador que nunca llegó a su destino, Puerto de Sagunto. Los acusados, según consta en el escrito del ministerio público, retuvieron, golpearon, quemaron, acuchillaron y amenazaron a las víctimas con descuartizarles en la bañera.

El juicio contra estos ocho integrantes de la banda estaba previsto para este jueves en la sección cuarta de la Audiencia Provincial de Valencia, pero finalmente se ha tenido que suspender hasta la próxima semana después de que uno de los procesados haya renunciado a su abogado y haya solicitado a uno nuevo. El tribunal ha tenido que aplazar la vista para garantizar el derecho de defensa de esta persona.

El fiscal pide 40 años de prisión para uno de los integrantes de la banda; otros 38 años para seis más; y 19 años para otro miembro. Están acusados de dos delitos de secuestro, un delito de lesiones, una falta, dos delitos contra la integridad moral, otros dos de robo con violencia, un delito de extorsión y otro continuado de falsedad en documento oficial.

Estos hombres, naturales de Ecuador, Colombia y Bolivia, entre otros, fueron detenidos en el marco de una investigación abierta sobre una organización dedicada al tráfico internacional de cocaína, ubicada en varios países americanos y con conexiones en diferentes provincias españolas, entre ellas Valencia.

Los agentes tuvieron conocimiento de la desaparición de una cantidad indeterminada de cocaína que tenía que ser transportada en un contenedor que salió de Ecuador con destino al Puerto de Sagunto y que, por causas desconocidas, no llegó a España. Para depurar responsabilidades y recuperar el dinero, los miembros de la banda retuvieron y agredieron a dos personas en octubre de 2010.

En concreto, trasladaron a estas personas hasta una vivienda ubicada en la localidad valenciana de la Pobla de Farnals, les inmovilizaron con bridas y les exigieron el dinero de la droga —un total de 300.000 euros—. Como éstos no se lo daban, les comenzaron a golpear y a hacer cortes por todo el cuerpo durante los cuatro días en que estuvieron retenidos. En este tiempo no les dieron comida y les realizaron diversas quemaduras.

En una ocasión, llevaron al piso unas tijeras, cintas aislantes y plásticos para cubrir muebles, y manifestaron a las víctimas que les iban a descuartizar y que no querían manchar el piso. Llegaron a forrar con plásticos la bañera y a meter en ella a una de las víctimas para manifestarle que le iban a descuartizar.

Lo denunció ante policía

Una de las víctimas consiguió que sus captores le dejaran ir a por dinero a casa de un amigo, y quedó su compañero como rehén. Éste logró escapar y se presentó en noviembre de 2012 en las dependencias de la Unidad Orgánica de la Policía Nacional para denunciar los hechos. Seguidamente fue trasladado a un centro médico ante las graves heridas que presentaba.

A la otra víctima la trasladaron a su casa para que pudiera ducharse, y allí le dieron comida por primera vez. Consiguió convencer a sus captores para ir a un sitio a por dinero, y en ese momento la Guardia Civil, dentro de su investigación, pudo identificar y detener a tres de los miembros de la organización.

Con el ingreso en prisión de estas tres personas, un responsable de la banda pidió a otras tres personas que se acercasen al centro penitenciario de Picassent para que averiguaran que había ocurrido. Tras percatarse los agentes de su presencia en la cafetería de la cárcel, fueron identificados y detenidos. A los dos días se produjeron las otros dos arrestos.

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