Laura Bates, impulsora del proyecto 'The everyday sexism'
Laura Bates, impulsora del proyecto 'The everyday sexism' Claude Schneider

Notó una mano de hombre sobándole la pierna por encima del vaquero mientras viajaba en metro. Esa misma semana unos chicos la piropearon a gritos y otro hizo un comentario soez sobre sus pechos. La culpa la acompañó durante días. En una charla informal con sus amigas, la británica Laura Bates, de 27 años, descubrió que a todas les había ocurrido algo similar. Así nació the everyday sexism project, una web que permite a las mujeres lanzar un grito virtual contra las situaciones de sexismo que la sociedad ha normalizado.

Bates pensaba que su proyecto compilaría testimomios de 20, 50 o a lo sumo 100 mujeres de su entorno, pero en algo más de un año ha recabado ya 40.000 hisorias reales de abusos narradas en primera persona por mujeres de 15 países, entre ellos España.

El capítulo español del proyecto, en la web sexismo cotidiano, fue inaugurado en abril y está siendo sorprendentemente fructífero, explica al teléfono desde Londres la propia Bates. La web ha catalogado más de 350 experiencias de desigualdad de género en todos los aspectos de la vida. "Desde los incidentes más triviales a los más serios". El objetivo es que las mujeres le muestren al mundo "que el sexismo existe, que el problema es grave, y que nos afecta a las mujeres todos los días", dicen en su carta de presentación.

Inseguras en la calle

El primer mensaje en la plataforma española lo dejó una mujer llamada Ángela. "No sé ni dónde empezar. Que salga a correr y un hombre me diga guapa y otro tetas caídas...", escribió. A su denuncia le han seguido cientos de testimonios narrando desagradables experiencias de amenazas, acoso y abusos sufridas principalmente en la calle, en el transporte público y en el entorno laboral.

No conozco a ninguna mujer que no haya sentido el asco de la mirada taladrante Con sus mensajes pretenden que se sepa qué es sexismo cotidiano. Para una de ellas es "que vayas caminando por la calle y un desconocido te pase el dedo por la columna vertebral". Y otra mujer añade: "No recuerdo un solo día, ni uno, en el que haya salido a correr y no me hayan contado qué me harán si me pillan (...) Las miradas, como taladros con broca diez, las sientes hasta por la espalda. Me han llamado de todo, desde apelativos condescendientes referidos a mi capacidad atlética, hasta las agresiones más soeces. Así cada día, cada semana, durante meses durante años. Me gustaría ser invisible".

La lectura de sus denuncias revela que las situaciones más violentas que viven las españolas tienen como escenario la calle y la noche, un espacio en el que ellas se sienten inseguras. A Laura, por ejemplo, una noche unos desconocidos que se cruzaron con ella se acercaron a su rostro y la llamaron "¡seria!". Laura está segura de que si hubiera ido acompañada de un hombre eso no hubiera pasado. Y se pregunta indignada por qué motivo una mujer debe sonreír a los extraños. "Esa sensación de que hasta tu cara debe complacer a un desconocido". El mensaje que le precede lo ha escrito Anne, quien dice no conocer "a ninguna mujer que no haya sentido el asco de la mirada taladrante".

Atajar el acoso cotidiano

Son bastantes las que aseguran que la impotencia ante una situación de acoso deja trauma. Incluso años después del suceso, las víctimas continúan controlando su vestuario, para no destacar, o vigilando los lugares por los que no deben pasar. Sin embargo, hay algunas que como Titalivia consiguen plantar cara al acoso. En su mensaje, Titalivia cuenta que en un supermercado un hombre le hizo un comentario sobre su culo. Ella estuvo a punto de no reaccionar, de dejarlo una vez más estar, pero se dio media vuelta y le buscó. Para que todo el mundo les oyera, le pidió en voz alta que repitiera lo que acababa de decirle. El hombre, incómodo, improvisó un piropo. Ella le contestó que su aspecto físico no era de su incumbencia y que la próxima vez que tuviera un comentario, bueno o malo, se lo guardara porque a nadie le interesaba su opinión.

En 'sexismo cotidiano' las mujeres escriben sobre encontronazos con exhibicionistas a edades muy tempranas, toqueteos en autobuses, en el metro y en aglomeraciones, intentos de violación por desconocidos o por familiares, así como episodios de discriminación por parte de sus jefes. En este último campo, sirvan dos ejemplos. El de Antonella, cuyo jefe defiende que las mujeres deben cobrar menos porque "hay cinco días al mes en los que no rendimos" o el de Gema, a quien su jefe siempre pide las fotocopias en lugar de a su compañero, hombre, de idéntica categoría.

En Reino Unido, Laura Bates celebra que un proyecto tan joven y que se apoya en una red de voluntarios consigua influir en el diseño de políticas poara atajar estas situaciones cotidianas. De hecho, la Policía que custodia el transporte público británico se basó en los testimonios de la web para diseñar mejor una campaña contra el acoso a las mujeres en metro y autobuses. Además, explica Bates, cada vez son más los hombres que les escriben diciendo que el proyecto les ha abierto los ojos y que en adelante modificarán sus conductas.