Los miles de zaragozanos que hoy saldrán de cena de empresa, o simplemente de fiesta, lo tendrán más difícil que nunca para volver a casa si pretenden hacerlo en taxi. Aunque la flota se refuerza con 340 vehículos (se sumarán a los 900 que circulan cada noche de fin de semana), las largas esperas para conseguir uno serán inevitables, según confirmaron ayer los conductores a 20 minutos.

Las horas de máxima actividad serán entre 3.00 y 6.00h de la madrugada. En este tramo, cualquier otro viernes los taxistas zaragozanos prestan una media de 2.000 servicios, una cifra que hoy se multiplicará por cinco, hasta superar los 10.000 viajes.

El momento más conflictivo será a partir de las 4.30 horas, cuando los bares cierran sus puertas. «Para dar un servicio adecuado, en momentos puntuales harían falta unos 5.000 taxis en la calle», aseguraba ayer Luis Miguel de Torres, presidente de la asociación de taxistas de Zaragoza.

Las esperas serán de más de 20 minutos, incluso si se llama al Radio-Taxi para solicitar un vehículo. En este caso, además, conviene saber que la centralita no atiende llamadas de móviles que no están identificados como clientes habituales.

La falta de taxis se repetirá las noches del 24 y el 31, en las que los taxistas pueden elegir entre trabajar o no. «Nochebuena es más familiar y no hay tanta demanda, así que salimos menos. El 31 sale todo el mundo a la vez, después de las uvas, y no llegamos», explicó Luis Miguel de Torres.

Servicio de autobuses

Los autobuses urbanos recortarán su horario los días  festivos. El 24 y el 31 los buses diurnos dejarán de circular a las 21.20 horas y no retomarán su actividad hasta las 7.30 horas de los días 25 y 1. Los búhos empezarán a la una de la madrugada en Nochebuena y Nochevieja, y en este último día se doblarán los servicios.

Saturación los días de compras

Las compras navideñas están empezando a saturar ya los buses urbanos. El acceso con paquetes voluminosos no está regulado y los conductores aseguran que en las líneas que van a los centros comerciales es cada vez más habitual ver compras de grandes dimensiones. «Mientras haya espacio y no perjudique a otros viajeros no impedimos que la gente suba con paquetes, pero vamos a tope les pedimos que esperen al siguiente», explicaron ayer trabajadores de Tuzsa. Lo único que prohíben son objetos peligrosos, como barras para cortinas que podrían lesionar a otros viajeros.