Proliferan los asentamientos de personas sin techo en solares vacíos y bajo puentes de Madrid

  • El 'boom' de personas sin hogar hace surgir decenas de 'campamentos' en parcelas de toda la capital: en Fuencarral, bajo el Planetario, San Blas...
  • El Ayuntamiento se muestra impotente para atajar su situación y las ONG de atención social piden que no se les criminalice: "Vivir en la calle no se elige".
  • Rocío y Paco viven en un solar junto al Planetario: "Nos observan, cuchichean y algunas personas nos agreden. No saben que también les puede pasar a ellos".
Rocío y Paco, en las antiguas instalaciones de Renfe que utilizan como vivienda, entre la estación de las Delicias y el Planetario. Esta pareja pernocta debajo de una plataforma de hormigón.
Rocío y Paco, en las antiguas instalaciones de Renfe que utilizan como vivienda, entre la estación de las Delicias y el Planetario. Esta pareja pernocta debajo de una plataforma de hormigón.
JORGE PARÍS

En los últimos meses, los vecinos del Planetario han visto surgir decenas de tiendas de campaña, enseres y colchones en los solares abandonados que rodean sus viviendas. Lo mismo les ocurre a los residentes del Camino de Ganapanes (Fuencarral), de Simancas (San Blas) o de Aniceto Marinas (junto al río Manzanares y bajo el puente de Los Franceses, en Moncloa). Lo que ven desde sus ventanas son algunos de los nuevos asentamientos de personas sin hogar que están proliferando en cualquier descampado abandonado o bajo muchos de los puentes de la capital. Se trata de pequeños núcleos de personas sin hogar, a medio camino entre los grandes poblados chabolistas del extrarradio de la capital y las personas que pernoctan en solitario en el centro de Madrid.

Vivir en la calle es la única solución que han encontrado Rocío y Paco, una pareja sin trabajo ni vivienda que ha encontrado un ‘hogar’ en las ruinas ferroviarias de Planetario. "Perdimos nuestra vida anterior y vivir aquí no es fácil. Estamos expuestos a la mala gente, a los chavales que se emborrachan en el parque y creen que somos cucarachas, a los que nos observan y cuchichean, como si nunca hubieran visto a nadie durmiendo en la calle", lamenta Paco. "Lo que no saben es que también les puede pasar a ellos", advierte Rocío.

Esta explosión de campamentos urbanos es el resultado del incremento de personas que se ven obligadas a pernoctar en la calle: en los dos últimos años, el número de sin techo en Madrid ha crecido un 17,6%, según el último recuento del Samur Social (dependiente del área municipal de Servicios Sociales). El Ayuntamiento ha detectado la existencia de 2.041 personas sin hogar en Madrid, aunque las entidades privadas y ONG que trabajan con gente en exclusión social creen que esa cifra podría ser mucho superior.

En muchos casos, su presencia ha generado alarma entre los vecinos, que lo consideran un "problema de salubridad, higiene y seguridad", según la queja emitida ante el Ayuntamiento por los residentes de un edificio en el distrito de Fuencarral. En la mayoría de los casos, los vecinos prefieren guardar su anonimato por temor a "represalias" de los habitantes de estos asentamientos.

"El 'sinhogarismo' no es delincuencia"

Sin embargo, salvando algunas excepciones, quienes allí habitan distan mucho de ser personas peligrosas. "No se debe identificar exclusión social o 'sinhogarismo' con delincuencia o incivismo. La gente que está en la calle lo está como resultado de un proceso lleno de vivencias traumáticas. No se elige", apuntan desde Solidarios para el Desarrollo, organización que ayuda a peronas sin hogar. Otras entidades consultadas (Fundación Rais o la Red Madrileña de Ayuda contra la Pobreza y la Exclusión Social-EAPN) comparten esa visión.

En Camino de Ganapanes, siete rumanos han ocupado un terreno junto a los pisos. Por las noches plantan sus tiendas; por el día, salen por el barrio a recoger chatarra. "Cada día ganamos unos 10 euros. Para todos. Nos gastamos la mitad en comida y el resto lo enviamos a nuestras familias, en Rumanía", dice Yonel, uno de los habitantes del solar.

"Creo que no molestamos a nadie. Además, estaremos aquí unos meses y luego nos volveremos a nuestro país", añade Anghel, otra de las personas que habita allí. En su parcela tienen colchones, un hornillo para cocinar, sillas plegables y los carros que utilizan para transportar su mercancía. Son sus únicas pertenencias, pero los residentes del barrio temen que la zona "se convierta en un nuevo vertedero" o que se produzca "un incendio que pueda provocar una desgracia", según David M., que vive en un edificio próximo.

"No se les puede obligar a ir a albergues"

La Policía Municipal les pide frecuentemente que limpien la zona y retiren las lonas, pero se sienten con las manos atadas para hacer más: "No se puede obligar a nadie a acudir a un albergue ni a pernoctar en la calle", apuntan fuentes municipales. Los trabajadores y voluntarios del Samur Social recorren las calles todas las noches para detectar estos asentamientos y ofrecerles alojamiento en la red de centros municipales. "Pero muchos de ellos lo rechazan. Solo queda hacer un seguimiento de su situación", añaden. En cualquier caso, los sin techo tienen sus razones para evitar los albergues: todos alegan que allí no descansan, deben soportar a usuarios alcoholizados y vigilar sus enseres para que no les roben.

Las entidades sociales contra la exclusión social, agrupadas en la red EAPN, creen que la Administración no ofrece recursos suficientes a los sin hogar. "En Madrid faltan al menos 700 plazas de albergue en la campaña de frío y otras 475 más cuando se cierra la campaña", aseguran en Solidarios. El Ayuntamiento de Madrid cuenta con 1.478 plazas en albergues y centros de acogida municipales. Este año, durante el invierno, las ha elevado a 2.021 camas. Por otro lado, las entidades sociales creen que lo más grave es que "no existen recursos que permitan la reintegración": acceso a vivienda, trabajo y menos trabas para optar a ayudas, como la Renta Mínima de Inserción.

Mientras, la alcaldesa Ana Botella se ha marcado el objetivo de lograr "que en cinco años no haya personas en la calle en la ciudad de Madrid". Para conseguirlo, el Ayuntamiento tiene la intención de elaborar un plan contra el 'sinhogarismo'. Sin embargo, a la vista del incremento de personas pernoctando en la calle, no será tarea fácil. Además, su lucha contra la exclusión social está llena de incumplimientos: entre ellos, el Consistorio prometió erradicar el chabolismo en la ciudad a finales de 2011, aunque todavía siguen existiendo grandes núcleos de infraviviendas (como El Gallinero, en la Cañada Real).

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