Los pescadores de Motril (Granada) están promoviendo una reunión con el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente para reclamar medidas que les permitan faenar en el Seco de Motril, una zona situada cerca de la isla de Alborán que prácticamente "nadie explota" y que es rico en marisco de "calidad extra".

Los pescadores motrileños faenaban en este lugar hace décadas y de hecho allí se pescaron las primeras quisquillas que "dieron nombre a las famosas quisquillas de Motril", sin embargo el actual sistema horario que se impone para la actividad pesquera en el litoral Mediterráneo les impide explotar este caladero dada su lejanía, a unas 33 millas de distancia del Puerto.

El presidente de la Cofradía de Pescadores, Ignacio López, afirma que la solución es que el Gobierno acceda a ampliar el horario de faena, que está fijado entre las 6,00 y las 18,00 horas, a quienes quieran desplazarse hasta el Seco, ya que en la actualidad apenas tienen margen para faenar porque se tarda siete horas en ir y volver a este caladero.

En declaraciones a Europa Press, López argumenta que a zonas como Almería sí se ha concedido una ampliación de horario por motivos similares, mientras que en el caso de Motril "nunca ha habido contestación" del Gobierno a esta petición.

"Hemos pedido formalmente que nos den una contestación —frente al silencio administrativo de los últimos dos años y medio— y estamos trabajando en que haya una reunión donde estén los organismos competentes para abordar cuál podría ser el plan de pesca", ha relatado López.

Según sus datos, esta zona no está protegida, aunque en algún momento se aludió a la posibilidad de hacerlo, y por contra es muy rica en marisco, "no sólo en la cantidad sino también en la calidad".

Caen los beneficios

Aunque los pescadores motrileños capturaron el pasado año un 24,7 por ciento más de pescado, hasta alcanzar las 3.425 toneladas, desde la Cofradía de Pescadores advierten de que cada vez es "más difícil" obtener beneficios debido al precio del combustible y a las reiteradas inversiones que han tenido que hacer para adaptar las redes a la normativa europea —una con el Gobierno del PSOE y otra con el PP—.

De hecho, López afirma que con las últimas adaptaciones se está perdiendo el 40 por ciento de la pesca, y de los beneficios, a tenor del escaso grosor del hilo de las redes, que favorece su rotura y perjudica a quienes pescan especies de un tamaño más pequeño del que puede ser un bacalao o una merluza.

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