Santiago, vecino de Batán
Santiago, vecino de Batán, mirando el tráfico del Paseo de Extremadura, que pasa a apenas dos metros de su terraza. JORGE PARÍS

En los años 60, cuando Santiago llegó a Batán (en el distrito madrileño de Latina), el barrio estaba situado en pleno campo. "La carretera era más bien un camino. Frente a mi casa había huertas y solo pasaba algún coche aislado. Nada que ver con lo de ahora, que los camiones y autobuses se me meten literalmente en la terraza", asegura este anciano, mientras mira el Paseo de Extremadura a través de su ventana. Pese al doble acristalamiento, el ruido del tráfico impide mantener una conversación a un volumen normal.

Tenemos que ver la tele con auriculares y hablar a gritosSantiago es uno de los 7.000 vecinos del barrio que viven "en primera línea de autovía", como se conoce en la zona a las viviendas situadas al borde del Paseo de Extremadura. Esta avenida tiene consideración de vía urbana, pero en realidad actúa como autovía: es la prolongación de la A-5, tiene cuatro carriles por sentido y es la carretera principal que enlaza Madrid con ciudades dormitorio como Alcorcón, Móstoles y Arroyomolinos. Cada día, pasan por allí una media de 135.000 vehículos, según datos oficiales.

"En las horas punta, esto se pone insufrible", afirma la presidenta de la Asociación de Vecinos de Batán-Casa de Campo, Cándida Campiña. La autovía pasa a apenas dos metros de las ventanas. Incluso, según recuerdan los vecinos, en varias ocasiones algún coche descontrolado ha acabado empotrado en locales o plantas bajas del barrio. En teoría, el carril más cercano a las viviendas está reservado para la circulación lenta, "pero los coches pasan por aquí a toda velocidad, lo que se une a los pitos y los frenazos. Es un infierno", explica Cándida.

En el edificio de Santiago también viven Adelina y su familia. "Estamos en una de las plantas superiores, pero aún así tenemos que ver la tele con auriculares, poner triples ventanas y hablar a gritos. Al final te acostumbras y ves como normales algunos hábitos, como bajar las persianas en pleno verano. Pero si lo piensas bien, no tiene nada de normal", explica Adelina. "Las motos, las motos. Las motos es lo que peor llevo. Son insufribles", apunta su madre.

"Problemas auditivos y de estrés"

El Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil (Seprona) confirma su pesadilla. Según un informe elaborado a petición de los vecinos, "se superan los 75 decibelios de media durante toda la jornada", cuando el límite legal es 55 de noche y 65 de día. "También se han hecho reconocimientos médicos y se ha constatado que los vecinos sufren problemas auditivos y de estrés", apunta el abogado Manuel Iglesias, que lleva ante los tribunales el litigio entre los residentes y el Ayuntamiento. Tras las quejas de los vecinos, el Consistorio bajó la velocidad de 80 a 70 km/h, colocó un radar en el paseo (uno de los que más multas pone de toda España) y cubrió  la carretera con asfalto antirruido. Pero los residentes siguen escuchando el mismo ruido y exigen otras soluciones: "Que soterren la carretera con un túnel, quiten carriles o pongan semáforos. Nos da igual cómo, pero que reduzcan los decibelios", apunta Iglesias.

Escuchas los chirridos y frenazos del metro a todas horasPero la A-5 es solo una parte del problema. También sufren el ruido de la línea 10 de Metro, que en su barrio circula por superficie, "con sus chirridos y frenazos a todas horas", dice Cándida. "Por no hablar del Parque de Atracciones. Escuchas los vagones de la montaña rusa cuando suben y los gritos de la gente cuando bajan. De vez en cuando hasta se escucha la musica de la 'niña del exorcista'. Imagina lo divertido que es vivir aquí", añade la presidenta vecinal. "A la gente le dices que vives en Batán y piensan en la tranquilidad de la Casa de Campo. Pero nada que ver", cuenta Cándida.

Por si no tuvieran bastante, ahora se les viene encima una nueva amenaza: Eurovegas se ha proyectado a las puertas de su barrio "y no creemos que un complejo de ese estilo fomente mucho el silencio", lamenta Antonio, otro vecino: "¡A ver cómo vamos a soportarlo cuando esto se llene de casinos, coches, prostitutas y miles de turistas!".

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