Arturo Pérez-Reverte
El escritor Arturo Pérez-Reverte. Jorge París

El tango como símbolo y metáfora, como esa falsa creencia de que es el hombre quien baila, ha llevado a Pérez-Reverte a darle el título y el pilar a esta potente novela, El tango de la guardia vieja (Alfaguara), en la que además de hablarnos, y mucho más que en cualquiera de sus novelas anteriores, de amor, sexo, pasión y mujeres, recorre buena parte de la historia del pasado siglo. La mirada inteligente del autor no pierde detalle, toda la entrevista la hace mirando a los ojos. Y es que, como él nos dice: "La gente no se mira a los ojos, y si lo hacen es para verse a sí mismos". En su caso, no es de los últimos. Durante la charla lo deja claro. Aunque, observador veterano, añada: "También se puede mentir con los ojos".

¿Está de acuerdo con la lectura que algunos han hecho de su obra: sexo explícito y violento?
Vamos a ver, el sexo es como jugar a las siete y media: si te pasas, eres vulgar; y si te quedas corto, eres mojigato. El sexo era necesario en este libro, que cuenta una historia de amor de 40 años, de dos viejos que miran atrás y ven cómo fueron. Para que el lector advierta esa desolación necesito que vea y comprenda cómo fueron. Y hacía falta que eso fuera elegante.

¿Amor sin lado turbio?
También lo puede haber, pero es menos complejo, menos interesante y menos instructivo. Porque si hay algo interesante es mirar a una mujer cuando explora su lado oscuro. Eso fascina, porque la mujer es más inteligente y perspicaz, por eso puede explorar lo que el hombre es incapaz.

¿Es la mujer, como su protagonista, la que lleva las riendas?
Ella es inteligente de verdad, y él, un rufián listo e intuitivo. Esa mujer tiene rincones oscuros que explora con la serenidad de la mujer inteligente. Y él (que como todos los hombres es más simple) no es quien se interna. Es ella, son ellas, aunque a veces seamos nosotros quienes abramos la puerta.

¿Se ha liberado ya la mujer?

Una élite de mujeres se ha liberado, pero eso no es significativo. Y qu een nuestra sociedad la mujer no se haya liberado no es comprensible. El principal enemigo de la mujer es la mujer. Mira a la que lleva velo y obliga a su hija a llevarlo, o la que no ha tenido un orgasmo en su vida por la ablación y lleva a su hija a que se la hagan. Pues eso es el extremo, pero son signos de lo mismo.

Hay dos tipos de hombre: los que bailan y los que miran bailar. Yo soy de los segundos¿Qué necesitaba para escribir esta historia que comenzó hace 22 años?
Experiencia, años... Un escritor es una mirada. Tengo 62 años y con eso escribo novelas. Me faltaba haber mirado a la mujer con mayúsculas. Y además no podía hace 22 años escribir de lo que no conozco, ¿cómo hacerlo? Ya hay demasiados que lo hacen.

¿Y cómo es esa mujer superior?
La que asume todo su mundo con la serenidad de la inteligencia. Son superiores porque su confrontación con la vida es más directa, cruel y realista. Ver a una mujer inteligente que asume todo enfrentada a la vida es un espectáculo de valor, lucidez... Y que una mujer de esas te mire con admiración es el único premio al que un hombre puede aspirar. Es el mayor galardón.

¿Es esta novela en cierta forma un modo de ofrecer consuelo?
La vida te va despojando de cosas. Cuanto más mayor, más incertidumbres tienes. La vida te despoja de certezas. Cuando las palabras honor, dignidad, lealtad, amor verdadero dejan de ser certezas, ¿con qué te quitas el dolor de cabeza?

¿Con qué se lo quita usted?
Bueno, mi personaje encuentra su dignidad en Mecha, esa mujer con mayúsculas. Él se dejaría llevar por el tsunami de la vida, pero se mantiene erguido solo por conseguir que esa mujer lo siga mirando.

¿Y usted, se mantendría erguido aunque estuviera agotado?
No lo sé... A mí también la vida me ha despojado de certezas, y creo, igual que mi personaje, que hay estéticas que funcionan como éticas.

¿Realmente cree que el mundo no tiene arreglo?
No es una pose, es la verdad, lo creo. Tras 21 años en territorios como los que yo he estado acabas teniendo una determinada manera de mirar el mundo. La mía es esta. No la he elegido. Por eso escribo y leo, para tener aspirinas con que quitarme el dolor de cabeza.

Vivimos en esa España sucia que se obstina en no desaparecer ¿Qué diferencia hay entre el Reverte de hace 22 años y el actual?
22 años de novelas escritas, de arrugas en la cara, de miradas de mujer que tenían 30 años y ahora tienen 70. Años de ver cómo la vida va despojándote y despojando.

Y tras todos estos años, ¿cómo lo miran a usted ahora las mujeres jóvenes?
No sé cómo me miran las chicas jóvenes (sonríe).

¿La mujer sale peor parada que el hombre con los años?
En absoluto. Una mujer inteligente y de casta puede encajar el paso del tiempo y ser devastadoramente ella hasta el final. Es cuestión de inteligencia y de actitudes. Hay hombres de 40 que parecen unos cerdos y mujeres de 70 maravillosas. Hablo de una elegancia moral, no social.

Pero hay mujeres que sienten que salen perdiendo...
Sale perdiendo la que se empeña en seguir siendo la mujer que ya no puede ser.

¿Es usted de los que se quedan callados?
Sí. Y soy de los que miran bailar. Hay dos tipos de hombre: los que bailan y los que miran bailar. Yo soy de los segundos, pero para eso hay que saber bailar antes.

¿Vivimos en el país de la envidia y la vileza?
Y de la barbarie, no lo olvides. Y en un lugar triste y rencoroso. Esa España sucia que se obstina en no desaparecer.

Dada su desesperanza, ni le pregunto por un posible giro, ¿no?
No me pidas milagros ni esperanza ni mecheritos en alto. Lo que no hemos cambiado en 3.000 años no lo vamos a cambiar en tres.

Y en las segundas oportunidades, ¿cree usted?
Sí, en lo que no creo es en la capacidad de la gente para aprovecharlas.

El gran enemigo de la mujer

"Una élite de mujeres se ha liberado, pero eso no es significativo. Y que en nuestra sociedad la mujer no se haya liberado no es comprensible", nos dice Reverte en su tono más serio, y señala sin tapujos: "El principal enemigo es la mujer. Mira a la que lleva velo y obliga a su hija a llevarlo, o a la que no ha tenido un orgasmo en su vida por la ablación y lleva a su hija a que se la hagan. Pues eso es el extremo, pero son signos de lo mismo".