El bodegón, menospreciado por la crítica y cautivador para Rembrandt, Van Gogh, Picasso...

  • Una exposición defiende el género, acusado tradicionalemente de falto de imaginación y de no provocar estímulos intelectuales en el espectador.
  • En un recorrido por medio siglo de historia del arte, la muestra reúne obras de Zurbarán, Cézanne, Brueghel...
  • Con la naturaleza muerta, los artistas han celebrado la sensualidad, ilustrado alegorías o comunicado mensajes personales.
Bodegón de Zurbarán, realizado en 1633
Bodegón de Zurbarán, realizado en 1633
Francisco de Zurbarán - The Norton Simon Foundation

Los académicos lo han clasificado tradicionalmente como un género menor, por debajo de la pintura histórica, el retrato y el paisaje. Muchos críticos han mirado con desdén al bodegón, acusando al artista de falta de imaginación, de no provocar en el espectador ningún esfuerzo intelectual.

El museo estadounidense Norton Simon, en Pasadena (California), se acerca a la atracción que ejercen las naturalezas muertas en artistas de todas las épocas y estilos, demostrando que son manifestaciones más complejas de lo que aparentan.

Significant Objects: The Spell of Still Life (Objetos significativos: el hechizo del bodegón) recorre 50 años de historia del género con 70 trabajos que incluyen pintura, escultura, collage, grabados y fotografías de artistas como Brueghel, Rembrandt, Zurbarán, Cézanne, Van Gogh y Picasso, maestros que descubrieron la capacidad expresiva en composiciones que agrupan lo inanimado.

Que lo más complejo parezca sencillo

La riqueza técnica y conceptual de los motivos convierte la muestra en un manifiesto en contra de la simpleza que se achaca al género. El museo examina las naturalezas muertas desde diferentes perspectivas que analizan los detalles de las obras expuestas.

El bodegón ha sido, a lo largo de la historia del arte, una celebración de los sentidos. Tanto los arreglos florales más clásicos como la abstracción cubista resaltan el color y la textura con ánimo de ensalzar el placer y la belleza material, como sucede con las voluptuosas frutas de Courbet. El virtuosismo, a menudo pasado por alto, descubre las destrezas técnicas de los artistas para hacer que los detalles más complejos parezcan sencillos y nada artificiosos.

Un código de símbolos

La exposición arroja luz sobre el significado de los elementos que componen las obras. Los mensajes populares y moralizantes se representaban en el siglo XVII con un código de flores y frutas. En los siglos XIX y XX, los objetivos son más políticos y personales y envuelven al espectador en el mundo secreto e intelectual del artista.

Los cambios van más allá del significado y también afectan de modo tajante a la técnica. La muestra se detiene en las manifestaciones más libres de la naturaleza muerta —por ejemplo con un caótico conjunto escultural de George Herms— con abstracciones radicales, decostruccciones y ensamblajes que echan por tierra la visión tradicional y conservadora que a menudo se asocia con el bodegón.

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