Cierto que nos falta la versión del bosque espeso de los Hermanos Grimm, pero a cambio tenemos kilómetros de pinada mediterránea y muchas playas pasarían por cualquiera de la Polinesia. Todo depende del encuadre. Spielberg, Lynch, Allen (¡qué pesadito, siempre con Nueva York!): tenemos una buena caterva de actores en ciernes dispuestos a trabajar durante todo el año como extras, y no hablemos del catering. ¿Qué mejor forma de tener contento al equipo de rodaje? Luego, algún tío listo podría montar una cadena de museos cinematográficos, con menú infantil incluido, que visitarían los mitómanos, previo pago. Así, todos podríamos disfrutar a los astros de la pantalla de paseo por la Gran Vía. Ya lo veo: en letras gordas, sobre el valle de la ciudad: MURCIAWOOD, la Región del séptimo arte.