La prestigiosa revista 'Journal of Bacteriology' ha publicado en su último número la secuencia de nucleótidos de todos los genes (genoma) del principal microorganismo productor del inmunosupresor tacrolimus.

El estudio, que ha sido firmado Carlos Barreiro Méndez como primer autor, es el resultado de cuatro años de trabajo de un equipo integrado por catorce investigadores (informáticos, biólogos y bioquímicos) actualmente distribuidos por diversos países (EE.UU., Reino Unido o Alemania).

Se trata de una investigación desarrollada por el Instituto de Biotecnología de la Universidad de León (Inbiotec), que ha conseguido adelantarse a varios grupos internacionales que perseguían este mismo objetivo.

La publicación del genoma de 'Streptomyces tsukubaensis', la bacteria productora de tacrolimus, constituye un hito en la mejora de los fármacos para el trasplante de órganos, ya que el tacrolimus es el principal medicamento utilizado en el mantenimiento de órganos trasplantados como hígado, riñón o corazón. Este fármaco, autorizado en 1994 para su uso en humanos por Estados Unidos, generó unos beneficios de 2.340 millones de dólares el pasado año 2011 bajo las diferentes denominaciones en las que se comercializa.

El tacrolimus también se utiliza en forma de pomada en el tratamiento de la dermatitis atópica, o en animales para casos de queratoconjuntivitis. Asimismo, están en vías de desarrollo otras aplicaciones en enfermedades autoinmunes, como la artritis reumatoide, colitis ulcerosa o la enfermedad de Crohn.

La secuenciación del genoma de Streptomyces tsukubaensis obtenida en Inbiotec supone un importante avance desde el punto de vista científico, ya que se trata del primer genoma obtenido de un microorganismo productor de un compuesto inmunosupresor.

Además, tiene también una inmediata aplicación práctica por tres razones. La primera es el incremento de la cantidad producida, como consecuencia de poder conocer las rutas biosintéticas implicadas en su obtención. La segunda es la mejora del proceso de producción, que se consigue al eliminar otros productos secundarios (contaminantes) que hasta ahora encarecían enormemente la purificación del tacrolimus. La tercera es la mejora de la aplicación del compuesto, al poder diseñar formas más activas y solubles de la molécula desde el propio microorganismo productor.

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