Mª José, Mª Carmen, Pilar, Esmeralda, y Pilar, algunas de las participantes en esta marcha.
Mª José, Mª Carmen, Pilar, Esmeralda, y Pilar, algunas de las participantes en esta marcha. (20MINUTOS.ES)
Recorrer a pie la distancia que separa la plaza del Pilar de Zaragoza y la del Obradoiro en Santiago de Compostela. Nadie dijo que fuera fácil. Diez millones de pasos por sendas llanas, bosques cerrados, cañadas, barrancos.

Nadie dijo que fuera fácil tampoco superar el cáncer. Otros diez millones de pasos entre burocracia hospitalaria, partes médicos, quimioterapia, vómitos, bisturí, pérdida del cabello, batas verdes. Medio centenar de mujeres obligadas a recorrer este segundo camino –"me ha tocado a mí. Qué le voy a hacer", suelen decir– se han calzado las botas de media caña y se han puesto a andar por el camino del apóstol. La peregrinación es una iniciativa de Amac-Gema (Asociación de Mujeres Aragonesas con Cáncer Genital y de Mama), auspiciada por los laboratorios médicos Lilly.

Rosa se quedó en tierra, viendo alejarse a sus compañeras por el zaragozano puente de Santiago. A ella le han diagnosticado la enfermedad hace muy poco tiempo. "Empiezo a notar los estragos del gotero (así llaman a cada sesión de quimioterapia). El cuerpo no me responde igual". No tiene fuerzas y el ánimo le flojea.

Las peregrinas salieron de la ciudad del Ebro el pasado 9 de septiembre. Cada una lleva en la mochila su propia cruz, su propia historia médica. Pero todas parecen tener un plus de ánimo en la sangre. Bromean sobre su suerte, le restan importancia al calvario. "Esto parece una despedida de soltera", grita una entre las risas de las demás. "Lo hacemos para disfrutar, pero también para hacer entender a las mujeres que el diagnóstico prematuro del cáncer de mama es fundamental para su curación", no se cansan de repetir todas. De ahí el lema de la marcha: Dilo caminando.

Este fin de semana han alcanzado el final de la primera etapa, Pamplona, donde se han unido a mujeres de Saray, sus homólogas navarras. El objetivo es llegar a la ciudad compostelana en octubre de 2007, tras dos nuevas etapas, a las que se unirán mujeres mastectomizadas de toda España.

Kilómetro a kilómetro, estas bravas mujeres se cuentan sus historias, hablan de sus hijos, de la vuelta al cole... y la sonrisa se les entristece por un instante cuando hablan ‘de lo suyo’; si bien pronto se reponen y rearman el ánimo. Saben que hay esperanza, que no están condenadas a muerte. Prueba de ello es el testimonio de las veteranas del grupo: a María José y a Mari les diagnosticaron la enfermedad hace ya algunos lustros. Y hoy siguen viviendo, sonriendo y –con algunas ampollas en los pies y algo de fatiga por los kilómetros hechos– caminando.

María José, 50 años.

"No tengo miedo al cáncer. Quiero vivir, sé que aún no es mi hora. No sé de dónde he sacado las fuerzas para seguir adelante".

Mari Carmen, 62 años.

"Me lo dijeron hace 15 años. Lo peor es que tú tengas que animar a los que te rodean; te llevas una paliza. El cáncer no es muerte, es un camino".

Esmeralda, 53 años.

"Hace 6 años me dieron 3 meses de vida. Lo malo no es morir, sino no vivir, por eso hay que ser positivos. Ahora todo me parece más hermoso".

Pilar, 52 años.

"Hay que coger el toro por lo cuernos y no consentir que el cáncer domine tus ánimos. Tienes que ser tú quien lleve las riendas de la enfermedad".

Pilar, 45 años.

"Es duro tener que comunicar a los demás que tienes cáncer. Cuando ves que te quedas sin pelo, no te reconoces, pero sabes que es temporal".

La idea...

Amac-Gema. La Asociación de Mujeres Aragonesas con Cáncer Genital y de Mama fue quien impulsó al iniciativa.

Apoyo...

Los laboratorios farmacéuticos Lilly corren con todos los gastos.

El lema...

‘Dilo caminando’ es el grito de guerra. Busca concienciar a las mujeres de que la detección a tiempo es decisiva en la curación. Para ello es fundamental la visita periódica al ginecólogo y la autoexploración.

Porque...

Uno de cada cuatro cánceres detectados en mujeres es de mama y 16.000 nuevos casos se diagnostican cada año en España.

Cuando el hombre no lo asume

Las mujeres sufren por su enfermedad, pero también por ver sufrir a su gente. «Hay maridos, compañeros que no logran asimilar la situación y abandonan a la enferma», asegura Begoña, psicóloga de Amac-Gema. El índice de abandonos es alto.