Refugiados afganos en Pakistán
Un niño refugiado que ha huido con su familia de Afganistán se asoma por la tienda de campaña en la que duerme a la afueras de Karachi, en Pakistán. GTRES

Más de tres décadas de guerra en Afganistán han obligado a millones de afganos a huir al extranjero o a reubicarse en puntos menos conflictivos del país asiático, donde el frío y la falta de recursos son lastres con los que les toca lidiar.

La mayor parte de los refugiados encuentran cobijo en los vecinos Irán o Pakistán, pero otros tratan de rehacer su vida en campamentos de acogida repartidos por Afganistán que dependen de la ayuda de la comunidad internacional.

"Hay 450.000 refugiados en Afganistán, entre desplazados internos, emigrantes económicos y aquellos que regresaron al país", asegura el portavoz de la delegación afgana del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), Nader Farhad.

Según el Ministerio afgano del ramo, la mayoría de estas personas son originarias del sur, donde se encuentran los principales feudos tradicionales de la insurgencia talibán.

El peor invierno en 17 años

Los desplazados se reubican sobre todo en provincias relativamente tranquilas como Parwan (centro), Herat (oeste) o Mazar-e-Sharif (norte), así como en Kabul, ciudad en la que viven al menos 24.000 en tiendas de campaña en medio centenar de campamentos.

Ese es el caso de Hodkhail, de 65 años, quien vive al día preocupado por que su numerosa familia esté guarecida del frío en un invierno que está siendo muy duro (el peor de los últimos 17 años en Afganistán) en el campo capitalino de Qambar.

Según datos oficiales, las condiciones climatológicas adversas han causado de la muerte hasta la fecha de 28 menores en campamentos situados en los alrededores de Kabul, al tiempo que otras 40 personas refugiadas han fallecido en el resto del país.

"Es muy difícil para un ser humano vivir en una gélida tienda de campaña, sin comida, manta, fuego y otras cosas buenas de la vida", se lamenta Hodkhail, que vive junto a 22 familiares, entre los que figuran hijos y nietos en edades de entre 6 y 14 años.

Según un informe reciente de la ONU, miles de personas residen en "condiciones lamentables, de frío y al borde de la inanición" en colonias de refugiados en Kabul, "mientras el Gobierno no solo mira hacia otro lado sino que incluso rechaza la llegada de ayuda".

La historia de un refugiado

Hodkhail se encontró sin poder de elección; tuvo que escapar del distrito de Alingar, en la provincia oriental de Laghman, tras un bombardeo de la OTAN y ataques lanzados por los insurgentes.

Ahora trabaja con tres hijos en uno de los mercados de verduras más populares de Kabul y gana, en un día de suerte, unos 600 afganis (unos 11 euros), y otras veces 200 (3 euros).

El conflicto se ha recrudecido extendiéndose a diversas partes del territorio antes consideradas relativamente pacíficas "Desde que estamos aquí no hemos recibido nada de asistencia del Gobierno y países donantes", explica otro desplazado interno, Ahmad Sha Khan, de 29 años y padre de cuatro hijos con dos mujeres distintas. "Mi hijo mayor tiene nueve años, pero todavía no ha ido a la escuela", se lamenta.

De acuerdo con el estudio de la ONU, los niños en este tipo de situación tienen poco acceso a la educación, a lo que se suman las trabas que presentan muchos centros escolares.

Se han dado casos de menores que no son aceptados en la escuela por vestir ropa sucia y otros a los que se deniega el ingreso por carecer de una tarjeta nacional de identificación, un documento que solo puede obtenerse en la provincia natal, según las autoridades. "No hemos comido nada durante dos días seguidos", denuncia Khan, quien recientemente fue deportado de Irán.

Pese a los miles de millones de ayuda económica internacional que han llegado en la última década a Afganistán, el país sigue teniendo uno de los índices de desarrollo más bajos del mundo.

Y el conflicto se ha recrudecido en los últimos años, extendiéndose progresivamente a diversas partes del territorio antes consideradas relativamente pacíficas.

En medio de la confrontación aparecen los civiles, un colectivo que cada año, desde 2007, sufre un mayor número de víctimas, hasta superar las 3.000 el año pasado, según Naciones Unidas.

"La OTAN y el Ejército de Afganistán nos pidieron que abandonáramos la zona antes de lanzar una ofensiva, pero los talibanes nos dijeron que nos quedáramos", explica a modo de ejemplo Mohamed, que emigró de la provincia oriental de Nangarhar.