La sección quinta de la Audiencia Provincial de Valencia juzga desde este jueves a una mujer acusada de intentar matar a sus trillizos de 16 meses y a otra hija de cuatro años tras dejar el gas de la cocina abierto y marcharse de casa, en una vivienda en Torrent (Valencia). La niña necesitó asistencia médica y le hicieron un lavado gástrico debido a que la madre le había dado unas pastillas para dormir, mientras que los trillizos no necesitaron atención médica.

La Fiscalía pide para la mujer un total de 20 años de prisión por cuatro delitos de asesinato en grado de tentativa, en una vista que ha quedado aplazada hasta el 27 de febrero, a partir de las 10.00 horas, por la incomparecencia de un testigo propuesto por la defensa.

La acusada, de origen venezolano, ha reconocido a preguntas de su abogado que "cuando me di cuenta de que podía hacer daño, le dije a un vecino que llamara a la policía". Los hechos se remontan al 14 de julio de 2009, día en que, según el escrito de Fiscalía, "tras un plan previamente concebido y con el ánimo de arrebatarle la vida a sus cuatro hijos abrió la llave del gas de la vivienda y se marchó".

La acusada, que en un primer momento no ha reconocido los hechos a preguntas de la fiscal, sí que ha asumido finalmente que buscaba el suicidio. Incluso le ha llegado a hablar de la muerte a su hija mayor —de 4 años— y que iban a pasar "a una mejor vida".

Después, a preguntas de su abogado, ha reconocido que tras ser consciente de lo que había hecho, intentó volver a la vivienda y como no tenía llaves, lo hizo por el balcón, tras pasar por casa de un vecino. Una vez dentro de su vivienda "cerré las llaves del gas y el vecino cerró la llave de paso general", ha afirmado.

La acusada, a la que se le ha diagnosticado "rasgos límites de la personalidad con desplazamiento de la agresividad", según los informes forenses, intentó "hacer una llamada de atención, algo muy teatral" por una situación de "cuadro psicótico puntual".

Sin embargo, el perito psiquiatra ha explicado que "no había intención de matar a los niños porque era consciente parcialmente" de sus actuaciones y por ese motivo regresó a la vivienda. La acusada, que está en prisión desde julio de 2009, llegó a estar internada el pabellón de psiquiatría del Hospital General.

La mujer ha explicado que para volver a entrar a la casa en la que dormían sus hijos, se descolgó por el deslunado de la fachada con una cuerda de tender, pero no pudo acceder al piso porque la ventana del dormitorio estaba cerrada. Finalmente pudo entrar a través del balcón de un vecino.

La acusada anteriormente se había encontrado con este vecino en el piso inferior. "Escuché jaleo en la cuarta planta y bajé. La vi muy alterada y nerviosa, y me decía que tenía que volver a entrar en su casa", ha explicado el vecino con el que posteriormente tuvo una relación sentimental.

"fuerte olor a gas y mucho calor"

Este vecino ha sido el único testigo que ha mantenido que en la casa "no olía a gas", cuando los tres policías que fueron los primeros en llegar al lugar han afirmado que había "un fuerte olor a gas y hacía mucho calor". Sin embargo, el vecino ha explicado que el olor era "como de secador quemado porque había una aparato portátil de aire acondicionado que estaba echando aire caliente dentro de la vivienda".

Este hombre ha reconocido que la acusada, mientras esperaban a la policía, le dijo que "había abierto el gas para darle un susto a ése cabrón", en relación a su compañero que se había marchado a trabajar y del que sospechaba que le había puesto cámaras de vídeo y micrófonos para espiarla porque pensaba que le era infiel.

El hombre, que era su pareja en aquella fecha, ha asegurado que "nunca hubo problemas" en la relación y que la mujer "no estuvo antes en tratamiento psicológico". "Antes de que me fuera a trabajar a las 6 de la mañana, había vaciado un extintor dentro de casa", ha recordado como anécdota. "Me fui y luego sobre las 10.00 horas, ya fue cuando me llamó la policía para decirme lo que había pasado", ha manifestado.

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