El Movimiento 6 de Abril, germen de la revolución egipcia

Un ciudadano sostiene una bandera egipcia en el centro de El Cairo.
Un ciudadano sostiene una bandera egipcia en el centro de El Cairo.
Amel Pain / EFE

Hace solo tres años y medio, un grupo de jóvenes activo en las todavía incipientes redes sociales convulsionó a la sociedad egipcia con su llamamiento a movilizarse para defender a los trabajadores textiles de la ciudad de Mahalla al Kubra.

Aquel puñado de atrevidos, que osó a retar a lo que entonces parecía una sólida dictadura, se bautizó con la fecha de su desafío, el 6 de abril, y se convirtió en el germen de la revolución que logró acabar con el régimen de Hosni Mubarak.

El Movimiento 6 de Abril simboliza como nadie el espíritu de la primavera árabe y, aunque en las últimas protestas han aparecido difuminados en la nebulosa de grupos juveniles revolucionarios, han seguido al pie del cañón y cargando contra el poder de la Junta Militar.

Sus miembros comenzaron a actuar en 2008 con la creación del grupo de Facebook "6 de abril: el Día de la Rabia", que llamaba a un día de paro y de protestas pacíficas en solidaridad con los trabajadores textiles de la ciudad de Mahalla al Kubra, en el Delta del Nilo.

El movimiento pronto chocó con la represión "mubarakista": unos 500 participantes de la huelga fueron entonces arrestados, entre ellos sus fundadores Isra Abdel Fatah y Ahmed Maher, que tenían entonces menos de 30 años. Ninguna de esas convocatorias obtuvo gran seguimiento, pero por primera vez las nuevas tecnologías y los jóvenes fueron los protagonistas de un pulso al régimen.

Desde entonces, el grupo ha organizado diferentes manifestaciones para exigir de forma pacífica el cambio democrático y la mejora de la situación social de los egipcios. Lejos de constituirse como partido, el Movimiento 6 de Abril pretende inculcar conciencia política a los egipcios y para ello emplean la influencia de las redes sociales, a la vez que tratan de esquivar la represión física de las autoridades.

Pese a la visibilidad del grupo en las protestas, donde visten de negro y tienen como símbolo un puño en alto, los rumores de divisiones en su interior y la falta de una estructura más sólida les han restado fuerza en la propagación de sus mensajes. El 6 de Abril no está aliado con ningún partido político, pero en ocasiones ha expresado su apoyo a algunos de los perseguidos por Mubarak.

Es el caso, por ejemplo, del respaldo otorgado a la formación en 2010 de la Asamblea Nacional por el Cambio, liderada por el Nobel de la Paz y antiguo director de la Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), Mohamed el Baradei, que renunció recientemente a la carrera presidencial. Tras conformarse como una organización no gubernamental capaz de acceder a fondos internacionales, puesto que hasta ahora se financia con donaciones voluntarias, los líderes del 6 de Abril defienden su independencia respecto al exterior.

Un cable filtrado por WikiLeaks daba cuenta de una reunión en 2008 entre varios miembros del movimiento y organizaciones estadounidenses que les habrían facilitado recursos para promover la democracia a través de las nuevas tecnologías. En el punto de mira de las autoridades por esa supuesta financiación, el 6 de Abril mantiene el pulso a la Junta Militar, a la que exigen que traspase cuanto antes a una autoridad civil el poder heredado tras la renuncia de Mubarak.

Entre sus retos está también la necesidad de extender el calor de sus reivindicaciones más allá del aniversario de la revolución, lo que parece difícil una vez que el proceso de transición está encaminado, con la celebración de elecciones y la constitución de un nuevo Parlamento.

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