Las agencias de rating gozan de buena salud a pesar de las dudas sobre su independencia

  • Fitch, Moody's y Standard & Poors's controlan el 95% del sector.
  • Sus advertencias no son siempre bien acogidas por los dirigentes europeos, que en las últimas semanas se han mostrado muy molestos con ellas.
  • Mientras Europa crea su propia agencia de calificación, surgen iniciativas sin ánimo de lucro que pueden fomentar la competencia.
La sede de la agencia de calificación de riesgo Standard&Poor's, en Nueva York (EE UU).
La sede de la agencia de calificación de riesgo Standard&Poor's, en Nueva York (EE UU).
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Fitch, Moody's y Standard & Poors's. Todos los días escuchamos estos nombres, y casi siempre traen consigo malas noticias. Las tres grandes agencias de rating, que controlan el 95% del mercado, evalúan y califican bajo petición la solvencia de grandes empresas y de economías globales, es decir, de los países. Ponen nota para que los inversores actúen en consecuencia, aunque siempre insisten en que lo suyo son meras "opiniones".

El pasado reciente de estas compañías, plagado de lagunas -Enron, hipotecas subprime en Estados Unidos, etc.- no ayuda mucho a que -al menos la ciudadanía- se tome tan en serio sus advertencias. En las últimas semanas, de hecho, se multiplican las voces expertas que ponen en duda su credibilidad y apuntan a intereses poco claros en sus decisiones. Los líderes europeos, por su parte, recelan cada vez más de las agencias porque se pronuncian en plena crisis de deuda y no ayudan a generar confianza; hablan de "exageración" e "injusticia" y están visiblemente molestos.

Los mercados se ven afectados, aunque no siempre de igual manera, como si del cuento del lobo se tratara. Hace solo una semana, Standard & Poor's situó en vigilancia negativa la calificación de 15 economías de la eurozona, incluida la 'AA-' de España; el Ibex-35 cerró ese día al alza -levemente- y la prima de riesgo española bajó durante la jornada de los 300 puntos. Esta agencia también amenazó con revisar para una posible rebaja la calificación de la deuda a largo plazo de la Unión Europea. Pero la canciller alemana Angela Merkel ya había lanzado su propia advertencia: "Es su responsabilidad".

"Matar al mensajero"

¿Hemos dejado de creer en las agencias de rating? "Es fácil matar al mensajero", explica a 20minutos.es Enrique Quemada, consejero delegado del banco de inversión de ONEtoONE Capital Partners. Estas empresas, apunta, son lo único que hay "si necesitas saber si algo merece la pena" o si una acción es "más o menos segura" a la hora de invertir. Fitch, Moody's y Standard & Poor's no marcan la ley y no es obligatorio "seguir sus señales", explica, añadiendo que países como Francia no van a a llevar a cabo cambios sustanciales porque le rebajen la triple A (la máxima nota).

Ahora bien, "Sarkozy tiene un país endeudado y no quiere que se muestre", añade. Quemada comprende que verse "señalado" cuando la situación no es buena resulta incómodo para los dirigentes europeos porque se destapan "las miserias". Lo que ocurrió en la pasada cumbre europea es lo que esperaban las agencias que pasara, por eso algunas "avisaron" de que acabarían tomando medidas en el futuro. No les convence el nuevo tratado y creen, según ha dicho Fitch esta semana, que la reunión "ha hecho poco" a la hora de aliviar las presiones sobre la deuda soberana. Moody's ha expresado prácticamente lo mismo.

Las agencias de calificación actúan igual que un banco cuando una persona va a pedir una hipoteca. "Te analizan", dice Patricia Gabaldón, economista de IE Business School, y después ofrecen una información "simplificada" y útil, por eso les hacemos caso. Esos datos sirven de "guía" a los inversores, que sí se fían, en términos generales, de las agencias a pesar de tener en cuenta, como es natural, otras variables. "En principio", las agencias "son independientes", aunque no queda claro cómo funcionan y si, por ejemplo, desde EE UU podría haber un interés en rebajar calificaciones europeas.

Las teorías de la conspiración contra la estabilidad del euro no son nuevas. Y el hecho de que las agencias "no respondan" ante nadie si dan una información errónea contribuye a la suspicacia general. "Se han equivocado muchas veces", apunta Gabaldón, y además van "retrasadas" con ciertos asuntos; por otro lado, suelen estár financiadas por los propios emisores de créditos, es decir, que las empresas "podrían estar pagando" de alguna manera su propia calificación y eso, aunque no estemos hablando de una auditoría, podría suponer un conflicto de intereses en toda regla.

Europa las investiga

El reglamento de agencias de calificación entró en vigor en Europa hace un año. Desde entonces, ha sido retocado dos veces, la última en noviembre. Christine Lagarde, directora del Fondo Monetario Internacional, propuso para esta última reforma que la ley pudiera impedir a las agencias de rating pronunciarse sobre la deuda de los países rescatados, como Grecia, Irlanda o Portugal, pero la Comisión Europea rechazó la idea. Este es un aspecto que irrita sobremanera a los líderes europeos: que se metan con los más débiles cuando todo el mundo sabe que su situación es mala.

"Si un país va mal y además tiene un mal rating, irá incluso peor", dice Gabaldón. Es un círculo vicioso. Pero no es que las agencias estén ahora actuando más de lo normal, aclara, es que "nos fijamos más" en ellas. Cuando un país va bien, lo que hagan las agencias no afecta a su capacidad de crédito, pero ahora que la crisis se ha extendido, las malas calificaciones abundan y alcanzan incluso a países como Francia o Alemania. Un dato a considerar: tras las últimas amenazas de las grandes agencias, la Autoridad Europea de Mercados (ESMA) anunció una inspección a las principales agencias antes de que acabe el año.

El nuevo reglamento europeo, no obstante, sí estableció que los inversores perjudicados por una nota o calificación elaborada de forma negligente puedan denunciar y ser indemnizados. Y retrasó dos cosas: meter mano a los preavisos para ciertos clientes -que pagan- sobre calificaciones, lo que podría considerarse información privilegiada; y, por otro lado, la creación de una agencia europea de calificación de riesgos, una idea "interesante", según Gabaldón, que facilitaría la sana competencia en el sector más allá del monopolio de Fitch, Moody's y Standard & Poor's.

Hay muchas más agencias de rating en el mundo, pero no tienen tanto poder e influencia. De hecho, apunta Quemada, hay una china, "Dagong", que suele dar también unas opiniones "de cuidado" sobre Europa porque basa sus ratings de países "en el crecimiento", pero a la que nadie escucha demasiado. Sería "positivo" que hubiera más agencias, añade, "y las habrá". Iniciativas no faltan: la Fundación Bertelsmann, por ejemplo, ya ha mostrado su disposición a apoyar una agencia sin ánimo de lucro; por otro lado, existen proyectos como WikiRating, al estilo de Wikipedia pero centrado en la calificación de riesgo.

Transparencia y fiabilidad

Dorian Credé y Erwan Salembier, fundadores de Wikirating, explican a 20minutos.es que echaban en falta una fuente "verdaderamente independiente" en el sector, que depende principalmente de tres agencias que, además, están localizadas en el mismo lugar. Por eso, en 2010, cuando la crisis se agudizaba debido "a la arbitrariedad" de estas compañías, decidieron poner en marcha su web, abierta a la participación de quien quiera contribuir.

El lanzamiento oficial tuvo lugar hace pocos meses y Credé y Salembier se encargan desde Suiza de la financiación -es totalmente privada, aunque admiten donaciones-, el desarrollo y el mantenimiento de la web, en la que pueden encontrarse ratings sobre países, empresas y productos financieros. Wikirating funciona con una licencia Creative Commons.

"Nadie sabe cómo, cuándo y por qué las agencias calculan sus calificaciones", explican, insistiendo en que este tipo de empresas, "orientadas a tener un beneficio", nunca podrán ser independientes del todo. Estos dos empresarios decidieron trasladar los principios de "transparencia y fiabilidad" y, sobre todo, de "comunidad" que Wikipedia y Wikileaks han logrado plasmar en sus proyectos. Por eso, también muestran a los usuarios cómo calculan las calificaciones, algo que Fitch, Moody's y Standard & Poor's nunca han hecho.

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