Mujeres en dirección
De izquierda a derecha, las cineastas Iciar Bollain, Marta Belaustegui, Gracia Querejeta y Chus Gutierrez durante la presentación en Madrid, de la sexta edición del Festival Internacional de Cine Ciudad de Cuenca 'Mujeres en dirección'. Emilio Naranjo / EFE

El festival se llama Mujeres en Dirección, y la semana que viene cumple su sexta edición: Cuenca será otra vez el escenario donde, entre el 21 y el 26 de noviembre, se proyectará cine de todo el mundo con un vínculo común: estar firmado (y filmado) por mujeres.

¿Lo curioso? Que a estas alturas aún nos llame la atención hablar de realizadoras. Según datos de 2010, apenas un 8% de las películas españolas fueron dirigidas por mujeres. Poco, en términos de cantidad, pero no en cuanto a calidad: Juana Macías ganó el Premio de Mejor Dirección en Málaga con Planes para mañana, Mar Coll se llevó el Goya a la Dirección Novel con Tres días con la familia, Claudia Llosa y La teta asustada triunfaron en la Berlinale e Iciar Bollain (También la lluvia) o Judith Colell (Elisa K) también recibieron galardones y aplausos de la crítica. ¿Por qué, entonces, siguen siendo tan pocas?

Otros términos

Ni Bollain, ni Colell ni Gracia Querejeta (autora de Cuando vuelvas a mi lado o Siete mesas de billar francés)lo tienen claro. Llama la atención, eso sí, que al preguntárselo aparezcan términos como "conciliación", "hijos" o "visibilidad", infrecuentes al hablar con un director varón. Bollain, por ejemplo, no solo tiene dos Goyas y nueve candidaturas a sus espaldas: además es madre de tres criaturas. ¿Cómo lo ha conseguido? "A base de esfuerzo, pero como el de cualquier mujer que trabaje en una oficina. ¿El mayor problema? Tener que rodar a veces muy lejos, y que sea un trabajo tan absorbente. Pero se puede lograr con tu pareja, haciéndolo a medias, logrando que el padre esté implicado".

Asumir una responsabilidad tan grande supone sacrificar muchas cosas, y quizá eso pueda echar atrás

Bollain parte con ventaja: su pareja, Paul Laverty, es guionista habitual del director británico Ken Loach. Pero otras también lo consiguen: Judith Colell, con dos hijos, considera que la situación "es un reflejo de la realidad social":  "Si las mujeres lo tenemos más complicado es por mentalidades caducas que, eso sí, están cambiando. Que el padre comparta la responsabilidad de los hijos es menos raro".

Lo que sí parece asustar a futuras cineastas podría ser, en cambio, la responsabilidad. Quizá por eso el número de realizadoras se ha estancado: en los años noventa llegó a haber 30 directoras en activo en nuestro país, surgieron nombres como el de la propia Bollain, Chus Gutiérrez o Isabel Coixet, y Pilar Miró encadenaba proyectos (como Beltenebros, El pájaro de la felicidad o El perro del hortelano). ¿Y ahora? ¿Por qué mientras que en otros sectores se ha tendido a la paridad en el cine no ha ocurrido lo mismo? "No entiendo la razón concreta", dice Colell, "pero quizá sea un mero síntoma de inteligencia: dirigir es muy difícil, un marrón, y una puede ser cámara o técnica de sonido". Bollain también cree que "asumir una responsabilidad tan grande supone sacrificar muchas cosas, y quizá eso pueda echar atrás". En lo que coinciden todas es en no haberse sentido marginadas profesionalmente por su sexo. "Las cosas están, y han estado siempre, muy difíciles para hombres y para mujeres", explica Querejeta, y Bollain añade que los productores siempre le han dicho que sí "cuando el proyecto les convencía". "Lo que importa es la historia, lo que propongas", concluye Colell: "Sería muy fácil decir que somos menos por ser mujeres, pero no sería ni cierto ni justo".

El techo de cristal

Todas se quejan, en cambio, de tener una menor presencia en jurados de cine, comités para elegir subvenciones o artículos sobre los nuevos talentos del cine español. "El trabajo está", explica Colell, "porque se hacen películas maravillosas dirigidas o producidas por mujeres. Pero nos falta un empujón". "Hay leyes progresistas que han ayudado", añade Marta Belaustegui, actriz, directora de cortos y del festival Mujeres en Dirección, "pero cuesta llegar a la mentalidad". El término empleado es "el techo de cristal": un algo invisible que evita que más directoras salgan a la palestra, que cuenten con más visibilidad.

Hay leyes progresistas que han ayudado, pero cuesta llegar a la mentalidad

La última pregunta, escapando un poco al cine, afecta a la política, a las decisiones y al mundo. En tiempos de crisis y de escasez de propuestas... ¿No sería esta una buena oportunidad para que mujeres quisieran las riendas, para que se adoptaran medidas y soluciones más ‘femeninas’? "No se puede generalizar", toma la palabra Bollain, "porque hay mujeres de todo tipo. Pero Mary Robinson, expresidenta de Irlanda, me dijo una vez que cuando una mujer entra en política la que cambia es la mujer, pero que si entran muchas la que cambia es la política. Las mujeres ponemos en una discusión distintos temas sobre la mesa, así que podría ser bueno participar más".

La cultura, el alma del pueblo

Además de madre y directora, Judith Colell es la vicepresidenta segunda de la Academia de Cine. Aunque es optimista ("El presidente, González Macho, es ideal para el cargo"), pide en público que después del 20-N no desaparezca el Ministerio de Cultura: "Sería un gran error, y su presupuesto es tan pequeño que no supondría un gran ahorro. En cambio, la cultura es fundamental: un país sin cultura no existe, no es nada. Gobierne quien gobierne tras las elecciones, debe tener claro que la cultura es el alma de un pueblo".

Tres óperas primas españolas en el festival

Camera obscura. Maru Solores debuta en el largo con la historia de Ane, una niña invidente y en el umbral de la pubertad que descubre la fotografía y el primer amor de la mano de su tío, un misterioso fotógrafo.

De tu ventana a la mía.  Estará en Cuenca fuera de concurso, pero los que la han visto hablan maravillas de esta obra de Paula Ortiz. Con nombres como los de Maribel Verdú, repasa la vida de tres mujeres en un ambiente rural.

Evelyn. Se proyectará en la gala de clausura, y cuenta la mudanza de una peruana a España. ¿El problema? En lugar de trabajar con su prima, tendrá que ejercer la prostitución. Es el debut en el largo de Isabel Ocampo, Goya al Mejor Corto 2008.