Túnez celebra las primeras elecciones de la 'Primavera árabe'

  • Se elige a la Asamblea Constituyente que rediseñará el sistema político del país y redactará la Constitución.
  • Túnez tiene que redefinir en esta nueva etapa los derechos individuales, el peso de la religión y el lugar de la mujer en la sociedad.
  • Los islamistas de Nahda parten como favoritos.
Unas mujeres observan unos carteles que animan a la participación en las elecciones en una galería de arte en Túnez.
Unas mujeres observan unos carteles que animan a la participación en las elecciones en una galería de arte en Túnez.
EFE

Túnez vivió este sábado con total normalidad una jornada de reflexión antes de los comicios de este domingo, en los que se elegirá una Asamblea Constituyente que rediseñará el sistema político del país y redactará la Constitución. Las calles de la capital tenían el ritmo habitual de cada sábado, si bien la presencia de abundantes extranjeros (observadores electorales y periodistas) pone una nota de excepción en un país que se apresta a dar nacimiento a la primera democracia del mundo árabe.

El presidente de la Instancia Superior Electoral Independiente, Kamel Yendubi, afirmó dos horas antes del cierre de los colegios que en ese momento ya se había alcanzado una participación cercana al 70% de los votantes.

Los resultados finales, precisó Yendubi, no se darán a conocer hasta el próximo martes, aunque se espera que este domingo por la noche vayan conociéndose datos preliminares.

Elecciones históricas

Pese al carácter histórico de las elecciones, no se apreció efervescencia en las calles y son numerosas las personas que dijeron no tener mayor interés en los comicios. El diario Le Temps publicó este sábado los resultados de un significativo sondeo: un 77% de los jóvenes dice no haber asistido a ningún mitin político (y los ha habido por decenas), pese a lo mucho que el país se juega en estos comicios.

La prensa y los analistas coinciden en que es el modelo de sociedad el que será decidido por la Asamblea Constituyente que salga elegida, y concretamente los derechos individuales, el peso de la religión y el lugar de la mujer en la sociedad.

El periodista y politólogo Kamal Ben Younes sostiene que hay que creer a los islamistas de Nahda (que parten como favoritos en los comicios) cuando habla en favor del estado civil y las libertades individuales, pues saben perfectamente que el pueblo tunecino "por la mañana va a la mezquita y por la tarde se pone el bañador para ir a la playa".

"Tampoco van a cerrar los bares (dice Ben Younes en alusión a la prohibición islámica del consumo de alcohol), entre otras cosas porque eso iría contra el turismo", pilar de la economía nacional y que en los buenos tiempos ha llegado a significar hasta el 6 % del PIB del país. Ben Younes alerta contra el desconocimiento y los tópicos que rodean al islamismo y los atribuye a que "hay una ruptura entre el Túnez real y el de los medios de comunicación", en los que estos islamistas están infrarrepresentados, debido probablemente a las décadas de "discurso anti-religioso" inculcado desde el gobierno.

También el economista Tareq Chaabuni está convencido de que ni Nahda ni ningún otro partido irá contra los avances sociales conseguidos en Túnez, incluso en temas como la planificación familiar y el aborto, pues nadie quiere asumir "la negación de una evolución histórica de 50 años". Chaabuni alerta sobre otros problemas que han estado menos presentes en la campaña electoral, como es la necesaria reestructuración económica en un país con un sector informal de hasta el 40 %, un desempleo oficial del 18 %, una muy baja competitividad y un sector turístico fuertemente endeudado.

Según el experto, el modelo económico heredado del régimen del presidente Zin El Abidín Ben Ali funcionó mientras que satisfizo de algún modo a las clases medias en uno de los pocos países árabes en que éstas tienen un peso, pero perdió sus apoyos cuanto la descarada red clientelar y de corrupción gangrenó todo el sistema.

El turismo y las relaciones con Libia

Para Chaabuni, las autoridades que surjan del nuevo régimen tendrán como tareas más urgentes restablecer los flujos turísticos (caídos hasta la nada en los meses de la revolución y que ahora tímidamente remontan) y normalizar las relaciones con la vecina Libia, un país al que Túnez proveía de abundante mano de obra (35.000 trabajadores) y productos de todo tipo.

Ajenos a estos debates, los tunecinos de la calle han vivido de forma muy cívica una campaña electoral caracterizada por la sobreabundancia de partidos, principalmente en el campo de los laicos, fragmentado en tres grandes bloques que tendrán que pactar si el islamismo, como todo parece indicar, es el más votado en la jornada del domingo.

La Instancia Superior Independientes de Elecciones ha cesado a tres responsables de oficinas de voto en el extranjero (en Catar, Líbano y Argelia) por haber hecho campaña más o menos abierta por Nahda entre la numerosa comunidad tunecina en el extranjero, que de hecho elige a 18 de los 217 escaños de la constituyente.

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