Sofía, vigila los carteristas
Sofía, en un vagón de la L10 a su paso por la estación de Begoña. JORGE PARÍS

Sofía Herrón (46 años) bien podría ser una buena samaritana del siglo XXI. Es empleada de la limpieza en el hospital La Paz y está "harta" de ver cómo los carteristas despluman a los incautos turistas en la línea del metro que ella frecuenta a diario: la L10. Hace años que lo observa con impotencia y en los últimos meses ha decidido pasar a la acción.

Para alertar a los desprotegidos viajeros utiliza una fórmula infalible. "Cuando veo que están metiendo la mano en el bolso de alguien, doy la voz de alarma". Y lo hace con su grito de guerra. "¡Cuidado con los bolsos, hay carteristas en el vagón y están robando", chilla a pleno pulmón. Evidentemente, el "desconcierto" que se produce entre los viajeros aborta los planes de los ladrones.

Lo hace por pena

A Sofía no le han robado ni actúa así por resentimiento. "Lo hago porque me da pena. Se me queda mal sabor de boca cuando veo que les están robando e intento ayudarles", resume para explicar su comportamiento.

Se me queda mal sabor de boca cuando veo que les están robando

Una actitud que le ha permitido frustrar, que ella sepa, al menos cinco hurtos. "Un turista inglés llevaba un fajo de billetes de 20 euros que iba contando. Vi que venían detrás de ellos", recuerda. "Iban también a por un hindú que les dio esquinazo", relata como otro de sus éxitos.

Pero sus buenas acciones también le han reportado disgustos. "Estoy amenazada, me conocen y yo a ellos", reconoce. "Estoy acostumbrada a que me digan de todo menos bonita" cuando se ven obligados a cambiar de vagón. Al principio explica que tuvo algo de "miedo", pero ahora lo suple con "prudencia" y "observando a la gente", dice.

Sabe que puede tener problemas cuando ve aparecer "a un grupo de rumanos, mujeres y hombres, porque ahora trabajan mezclados". Es entonces cuando no pierde detalle. "No hago nada mientras se distribuyen por el vagón y buscan a sus víctimas. Pero cuando van hacia ellas, se tapan con la chaquetita y meten la mano en los bolsos es cuando empiezo a chillar". Al menos sabe que ha logrado que los carteristas eviten su línea en las horas en las que saben que está ella.

Con silbato en Barcelona

Sofía no es la única ciudadana cansada de que los carteristas actúen impunemente en el suburbano y se ceben con los turistas. Otra mujer, Eliana (38 años), lleva ventaja. Esta comercial colombiana lleva casi dos años "patrullando" la L3 del metro de Barcelona para evitar los hurtos. Ella asegura que lo hace por "hobby" y ante la ausencia de vigilancia policial. En su caso no grita, sino que avisa a golpe de silbato y exhibe un cartel de alerta en varios idiomas.

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