El ministro Jesús Caldera
Jesús Caldera atiende a los periodistas. (EFE) Fernando Alvarado/EFE

Según los datos difundidos hoy por el Ministerio de Trabajo, el paro registrado en los Servicios Públicos de Empleo se redujo en abril pasado en 72.854 personas, el mayor descenso desde 1980, lo que situó el total de desempleados inscritos en 2.075.676.

¿Optimismo desmesurado?

En declaraciones en el Congreso, Caldera aseguró que el empleo "se está comportando de una manera excelente, incluso mejor que el año pasado, que ya fue bueno", y adelantó que su previsión para lo que resta de 2006 es que "todavía sea mejor".

Este optimismo gubernamental parece chocar ligeramente con los datos de la Encuesta de Población Activa, que para el primer trimestre calculaba una pérdida de empleo de 94.500 personas, 20.000 más de los que según el INEM se han creado este mes. 

El titular de Trabajo también se felicitó por el incremento del número de afiliados a la Seguridad Social, 200.000 personas más en el mes pasado, y recordó que en esta ocasión este aumento se ha registrado sin que coincida con un proceso de regularización de inmigrantes, como ocurrió en 2005.

Caldera informó de que de los 200.000 nuevos afiliados a la Seguridad Social, más de 150.000 son españoles, y recordó que el año pasado "algunos dijeron que aumentaba la afiliación porque todos los que entraban eran inmigrantes".

¿Y qué pasa con los contratos temporales?

"El empleo nacional tira con fuerza y me alegro por ello", insistió el titular de Trabajo, quien también se congratuló de que en los cuatro primeros meses del año el numero de trabajadores con contrato indefinido haya aumentado en 600.000 personas.

Caldera no entró sin embargo a analizar en profundidad el importante problema de la temporalidad (de los 5.698.932 de nuevos contratos creados en los cuatro primeros meses cinco millones son temporales), ni la distribución del empleo entre ambos géneros. 

Únicamente manifestó, al ser preguntado por la próxima reforma laboral, que  "la temporalidad está justificada, la precariedad no", y por ello se mostró convencido de que esta reforma supondrá un notable descenso de la precariedad en los contratos, así como un "elemento positivo adicional" al crecimiento económico y de generación de empleo que se está produciendo en España.

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