'Jeune fille à la fleur', Washington, 1967
La joven Jan Rose Kasmir (17 años) se enfrenta con una flor a soldados armados con bayonetas ante el Pentágono de los EE UU © Marc Riboud

Quizá sea una injusticia con su amplia y potente obra, pero el reportero Marc Riboud (Lyon-Francia, 1923) será recordado sobre todo por una sola foto. No es para menos: su Muchacha ofreciendo una flor a los soldados, tomada en octubre de 1967 en Washington (EE UU), es la imagen condensada de una época, una generación y un movimiento, el pacifismo y la oposición a la política exterior belicista de los países más poderosos de Occidente. Una foto-icono de las que se quedan prendadas para siempre en la memoria colectiva.

Pese a la distancia que imponen los más de cuarenta años, el retrato de la joven Jan Rose Kasmir, que entonces tenía 17 años y estudiaba secundaria en un instituto de Maryland, todavía emociona. Se enfrenta sola a los soldados con la bayoneta calada, pretende entregarles una flor, dialogar con ellos de igual a igual.

A centímetros de 2.500 soldados con los rifles amartillados

El fotógrafo recuerda que, mientras cubría la manifestación contra la Guerra de Vietnam frente al Pentágono, secundada por unas 100.000 personas, vió a aquella muchacha aniñada y hipiosa que era capaz de acercarse a centímetros de las bayonetas de los 2.500 soldados que protegían, con rifles amartillados y cargados con munición real, la sede de la política militar estadounidense.

Los soldados temían más a la chica que ella a las bayonetas "Hablaba con los soldados, intentaba llamar su atención, quizá dialogar con ellos. Tuve la impresión de que los soldados le tenían más miedo a la chica que ella a las bayonetas", ha declarado Riboud.

Las imágenes de Jan Rose Kasmir dieron la vuelta al mundo de inmediato y al día siguiente fueron publicadas masivamente por la prensa de todo el globo. Su gesto -una flor contra las bayonetas- quedó tan anclado en la sociedad civil que ha sido repetido innumerables veces en otras protestas: la última (y no será la postrera), durante las manifestaciones del movimiento español del 15-M.

Pese a la tremenda intensidad de la foto, es bastante injusto que toda referencia a Riboud se limite a ella. Durante medio siglo el reportero francés ha defendido con la práctica y el ejemplo el ejercicio de una fotografía de cariz humanista, intensamente comprometida con la sociedad y los débiles y de ánimo comunicativo. Riboud hace fotos para intercambiar sentimientos.

Una completa antología de la obra de este despierto e incansable redactor gráfico se exhibe en la Galería Young de Bruselas (Bélgica). Es una demostración sin objeciones posibles de sus méritos: aunque no hubiese disparado las fotos de 1967, Riboud seguiría estando entre los maestros.

Su padre le regaló la primera cámara: "Si no sabes hablar, quizá sepas mirar" Tímido y apocado desde niño y autodidacta (nunca estudió fotografía), Riboud iba para ingeniero, pero pronto descubrió que aquello no era lo suyo. Fue su padre, en 1937, quien le regaló una cámara Vest Pocket Kodak. Se la entregó al tiempo que pronunciaba un deseo que fue premonitorio:"Si no sabes hablar, quizá sepas mirar".

Desde 1953 fue miembro de la agencia Magnum (que dejó en 1979) y durante las siguientes décadas viajó por los cinco continentes. En 1957 fue uno de los primeros fotógrafos occidentales en obtener permiso para trabajar en la China del maoismo y, en 1968, gracias a la foto de la protesta ante el Pentágono, fue invitado por el régimen comunista de Vietnam del Norte a retratar la guerra desde el lado anti estadounidense.

Diez años antes, en 1958, había viajado a España, donde hizo una siniestra foto de fascistas aclamando a Franco en el Valle de los Caídos.

"Mostrar la crudeza del mundo"

El estilo de sus imágenes, que han sido publicadas, entre otros medios, por Life, Géo, National Geographic, Paris Match y Stern,  está basado en la idea de que la fotografía "es fondo y forma" y debe contener "un orden y un ritmo, como en la música". Ferviente paladín de los derechos humanos, el aserto más citado de Riboud es que la fotografía "no puede cambiar el mundo, pero sí mostrarnos su crudeza".

El veterano fotoperiodista nunca ha olvidado a Jan Rose Kasmir, la chica que se enfrentó a las bayonetas con una flor en la mano. Durante los convulsos años setenta la chica hippie se enganchó a las drogas y sufrió una violación. Logró reponerse, estudió fisioterapia y ahora vive en Dinamarca.

En 2003 su vida y la Riboud volvieron a cruzarse cuando ella partipó en una manifestación en Londres contra la Guerra de Iraq. Llevaba en la mano un cartel con la foto de ella misma en 1967 y el reportero volvió a retratarla.

No era una provocación. Sólo les quería hablar de amor Cuando le preguntan por qué se encaró a los soldados, Kasmir dice: "No era una provocación. Sólo les quería hablar de amor. Ellos no eran máquinas de la guerra, sólo se trataba de un grupo de hombres obedeciendo órdenes”.