David Bowie, Aladdin Sane, 1973
Quizá la foto más conocida de Bryan Duffy sea la cubierta del disco 'Aladdin Sane' (1973), de David Bowie Taken from 'Duffy', published by ACC Editions, © Duffy Archive

Reunir la obra del fotógrafo inglés Brian Duffy (1933-2010) no fue cosa fácil. Ni siquiera es posible determinar que porcentaje de sus fotos han sobrevivido. En 1979, en un arranque de decepción y rabia meditada, el visceral artista hizo una hoguera en el patio de su estudio londinense y redujo a cenizas la práctica totalidad de sus negativos.

Años más tarde confesó que destruyó su colección, una mirada privilegiada a la vida social y artística de Londres durante tres décadas -entre ellas los años del Swinging London-, por simple hastío: "Había perdido el interés. No me gustaba la gente y, a causa de ello, no me gustaba a mí mismo".

Parte de la obra perdida de Duffy se ha logrado recuperar con paciencia mediante la cesión o el copiado de los originales que estaban en manos de editores de revistas, publicistas, coleccionistas, amigos o particulares.

'Testimonio visual de un genio de la fotografía'

Hace unos años la Galería Chris Beetles expuso una colección de retratos y trabajos por encargo. Ahora está en cartel Duffy: A Visual Record of a Photographic Genius (Duffy: Testimonio visual de un genio de la fotografía), muestra programada por la Galería Idea Generation de Londres.

La nueva exposición restrospectiva presenta 160 fotos, reunidas por Chris Duffy, el hijo del artista. Todas son copias nuevas y han sido restauradas para la ocasión. Están a la venta. Los precios pueden cotejarse en este archivo pdf.

Anárquico y de personalidad dura, Duffy ni siquiera se había planteado ser fotógrafo. Estudió Artes, vagabundeó y terminó buscándose la vida en las revistas de moda que vivían el apogeo de ventas de mediados de los años cincuenta.

Fotos con la tapa del objetivo puesta

Picoteó como free lancer por pieza en Harper's Bazaar, tuvo suerte y en 1957 fue contratado por Vogue pese a que todavía le quedaba bastante por aprender. En una de sus primeras sesiones de estudio, uno de los asistentes le avisó, después de media hora de alucine, de que estaba tirando fotos con la tapa del objetivo puesta en la lente de la Leica.

Junto con Terry O'Neill (1938) y David Bailey (1938) -el más brillante de los tres-, Duffy formó el grupo conocido como los Terrible Three (los Tres Terribles), más tarde bautizados por el patriarca Norman Parkinson (1913-1990) como la Black Trinity (la Trinidad Negra) por su comportamiento sin compasión en los escenarios de las noches locas londinenses.

Su lema era: "Sin prisioneros". Devoraban los locales y retratataban con frución. Como dijo alguien, lo hacóan como si cada foto fuese un acto sexual. La BBC produjo un interesante documental sobre el trabajo de Duffy en los años del Swinging London: Duffy: The Man Who Shot the Sixties (Duffy: el hombre que fotografió los sesenta).

Bardot, Caine, Lennon, Burroughs...

Después de aquella época desalmada y eléctrica, Duffy se domó. Desde 1963 tenía estudio propio (en la casa de su familia en Swiss Cottage, al norte de Londres). Por allí pasaron para ser retratadas figuras con talla de héroes y heroínas del pop: los actores Michael Caine, Brigitte Bardot y Sidney Poitier; las estrellas del rock John Lennon, David Bowie y Debbie Harry; las top model Jean Shrimpton y Joanna Lumley; el escritor-yonqui William Burroughs...

El último trabajo de calado de Duffy, acaso el más difundido de su carrera, fue la cubierta para el sexto disco de David Bowie, Aladdin Sane (1973): un primer plano del músico con la cara atravesada por un rayo de maquillaje. El disco fue prohibido en España porque la foto era demasiado ambigua para el tardo franquismo en peligro de muerte.

Cuando quemó sus negativos dijo: "Soy el único dios de mi trabajo" Hizo dos discos más para Bowie, Lodger (1989), la tercera pieza de la trilogía de Berlín, y Scary Monsters (1980). Pocos meses después de la publicación de éste último, Duffy quemó las naves. "Soy el único dios de mi trabajo", dijo frente a las llamas a algún amigo consternado al ver cómo los negativos se consumían.

Pasó los últimos años de vida en un silencioso anonimato. Cultivó su gran pasión, la carpintería. Cuando le preguntaban si no añoraba las fotos, era tajante: "Aquello fue una fase". En 2010 murió por un cáncer de pulmón.