Mouth (for L'Oreal), New York, 1986
Foto publicitaria de Irving Penn para una marca de perfumes Copyright by the Irving Penn Foundation

Sabía la fórmula y la exprimió hasta agotarla. "Una buena foto es la que comunica un hecho, toca el corazón y convierte en otra persona a quien la observa. En una palabra, es efectiva".

Las fotografías de Irving Penn (1917-2009) tienen ese poder: informan, abrazan y conmueven. Quizá no haya otro fotógrafo que se le pueda comparar: hizo de todo y lo hizo con la pasión de un enamorado. Se empeñó tanto y con tal maestría en la entrega a la fotografía que fue capaz de cambiar varias veces el canon de la belleza física en la expresión plástica del siglo XX.

Aunque de sobras conocida y exhibida en los museos del mundo, cada nueva muestra de Penn vuelve a conmover como la primera vez. Hay un buen ejemplo en cartel: Radical Beauty, 1946-2007 (Belleza radical, 1946-2207), una retrospectiva que exhibe la Galería Fraenkel de San Francisco (EE UU).

Perseguir la belleza tras cualquier fisonomía

Son treinta piezas que demuestran la experimentación continuada de Penn en la búsqueda de la belleza y sus diferentes (y en ocasiones encontrados) ideales. La exposición, dicen los organizadores, pretende explorar la fotografía de este gran e iconoclasta creador desde esa única perspectiva: la persecución de la belleza tras cualquier fisonomía humana.

Convencido, como declaró alguna vez, de que "retratar un pastel puede ser arte", Penn no se andaba por las ramas del formalismo, ni perdía el tiempo teorizando o ejerciendo los subgéneros.

Haciendo fotos de moda, bodegones, retratos de estudio o estudios casi etnográficos, siempre aplicó un acercamiento apasionado y una valentía radical, que le llevaba a combinar lo sublime y lo grotesco de la naturaleza humana con una elegancia y dignidad únicas.

Retrataba a Miles Davis, Lissa Fonsagrives o un nativo de Papúa como a un ser único Sean quienes sean los sujetos de las fotos de Penn, desde los nativos de Papúa hasta estrellas del jazz como Miles Davis, pasando por la élite de la edad de oro de las top model -sobre todo su mujer y musa, la gran Lissa Fonssagrives (1911-1992)-, artistas (Rudolf Nureyev, Truman Capote, John Cage...), estadistas y gente normal, siempre aparecen representados de una manera que la foto les convierte en seres únicos, sin ningún adorno superfluo, dotados de una belleza radical.