José Luis Rodríguez Zapatero y Angela Merkel
El presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, saluda a la canciller alemana Angela Merkel, junto al presidente francés Nicolas Sarkozy, antes de una foto de familia de los asistentes a una cumbre especial de la Unión Europea. Julien Warnand / EFE

Productividad. Es una de las palabras de moda en los debates mediáticos y políticos. Los sindicatos y empresarios debaten esta cuestión en la reforma de la negociación colectiva cuyo acuerdo está casi cerrado y en breve llegará al Gobierno. Representantes públicos, como el lehendakari Patxi López, ya han reclamado que los salarios evolucionen en paralelo a la productividad.

Varias reuniones de alto nivel en la UE tratarán la cuestión durante el próximo mes de junioPero la cuestión supera nuestras fronteras y Alemania ya lo puso encima de la mesa en el último Consejo Europeo, celebrado en marzo, dentro del llamado Pacto del Euro. El tema volverá a tratarse en las próximas reuniones de los ministros de Economía y Finanzas (Ecofin del 16 y 17 de junio) y de los Jefes de Estado y de Gobierno (Consejo Europeo del 24 de junio) de la UE.

Para calentar el debate, la propia canciller Angela Merkel acusó recientemente a los países del sur de Europa, incluida España, de disfrutar de muchas vacaciones. El Gobierno español respondió rechazando una homegeneización absoluta de los mercados laborales en el seno de la UE.

Pero Merkel no es la única que defiende ese enfoque. Recientemente, un muy comentado vídeo de una televisión sueca bromeaba sobre la baja productividad de los trabajadores españoles: se reconocía su permanencia durante muchas en horas en su puesto de trabajo, pero se pintaba un panorama general de pérdida de tiempo. Las estadísticas no terminan de estar de su parte:

¿Qué es la productividad?

Es un concepto que se utiliza en economía y que, a grandes rasgos, mide la relación entre lo que se produce y los recursos que se destinan para producirlo. En dos empresas que se dedican a fabricar un bien idéntico, será más productiva aquella que lo haga destinando menos recursos.

¿Cómo se mide la productividad?

La fórmula básica es P (productividad)=Producción/Recursos. Pero esto tiene muchas derivaciones, porque dentro de la producción hay que considerar también la calidad del producto, el tiempo invertido, etc., mientras que en el lado de los recursos hay que contabilizar la inversión en innovación, los salarios de trabajadores y directivos, las materias primas, etc.

Por eso, hay distintas metodologías que determinan distintos resultados, con la dificultad añadida del enorme volumen de actividad que se mide cuando se habla de la productividad de un país en concreto.

La solución que se aplica a este problema en la mayoría de estadísticas internacionales al respecto es centrarse en la relación entre las horas trabajadas y el crecimiento económico en términos PIB.

¿Cuáles son los factores que influyen en la productividad?

Como se ve, los costes laborales y, en particular, los salarios de los trabajadores son los ejes sobre las que gira el debate de la productividad. Pero la distribución de ese gasto empresarial en sueldos también es relevante, porque la diferencia entre los que menos cobran en una empresa y los que están en la cúspide de esa misma compañía no hace más que agrandarse. Como indicaba recientemente The Daily Telegraph en un reportaje sobre la cooperativa Mondragón, la mayor del mundo, la brecha llega, en algunas de las mayores compañías occidentales, hasta las 400 veces. Y a la hora de contabilizar los costes laborales para calcular la productividad, todos se suman en el mismo grupo.

¿Cómo está en España respecto a otros países?

Si se toman los datos de The Conference Board (entidad de referencia para muchos estudios sobre esta materia) se comprueba que la productividad del trabajador español fue en 2009, último año de referencia, de 73.358 dólares, no muy lejos de los 74.323 de Alemania o los 80.515 de Suecia y ligeramente por encima de los 73.339 de Dinamarca.

España también supera a potencias como Japón (68.398 dólares) o Corea del Sur (60.616), aunque se queda muy lejos de Noruega (107.693) y Luxemburgo (119.451). Estados Unidos registra una productividad de 99.113 dólares por trabajador.

El mismo estudio utiliza otra metodología de medición: la productividad por hora trabajada. Pero los resultados no varían mucho y siguen situando a España ligeramente por debajo de la media de los países industrializados: 44,35 dólares frente a los 53,46 de Alemania, 49,98 de Suecia y 47,96 de Dinamarca. Noruega (76,76 dólares) y Luxemburgo (74,50) siguen en cabeza.

Y por detrás de España continúan Japón (39,91) y Corea del Sur (27,03) entre muchos otros. Estados Unidos sigue en la franja alta con 58,58 dólares por hora trabajada.

Los datos de la oficina estadística europea, Eurostat, sobre la productividad por empleado muestran un resultado muy similar para el mismo año 2009 (de nuevo el último publicado). Se toma como referencia la media de los Veintisiete (que daría el valor 100), mientras que Alemania se sitúa en el valor 105,1 y España en el 109,8:

<p>Mapa de Eurostat sobre la productividad en la Unión Europea en 2009.</p>

¿Cuál ha sido su evolución?

En España, la productividad por hora trabajada creció a un ritmo del 1,5% anual entre 2005 y 2010, de nuevo según los datos de The Score Board. En la zona euro, sólo Irlanda logró superar esa evolución, con un incremento medio del 2% cada ejercicio. La media de la zona euro en ese periodo registró un aumento anual de su productividad del 0,6%, mientras que en el conjunto de la UE fue del 0,8%.

Según el INE, el incremento que se produjo en 2010 fue del 2%, gracias principalmente al descenso de la remuneración del conjunto de los trabajadores (-1,7%), aunque el descenso medio de salario de cada trabajador fue del 0,4% . The Score Board, por su parte, sitúa el aumento de la productividad por hora trabajada en 2010 en un 1,8% y lo vincula también al descenso de las horas trabajadas.

¿Cuánto se trabaja en España?

Un trabajador español a jornada completa dedicaba de media en 2008 41,9 horas a su empleo, según las estadísticas de Eurostat. En Alemania, ese mismo año, eran 41,7. En Francia, 41. En la franja inferior de la UE se situaban entonces Noruega (39,2 horas trabajadas a la semana) y Luxemburgo (40 horas). Es decir, que los países más productivos es donde menos se trabaja.

En términos anuales, lo que supone incluir también las vacaciones que citaba Merkel, la media de los países de la OCDE registraba una media de 1.738,7 horas de trabajo efectivo por cada empleado, según datos de la propia organización. España se sitúa por debajo de esa media con 1.653,8 horas al año, pero por encima de Alemania, con 1.389,7. En la parte más alta de esta tabla están Hungría (1.988,8) y Grecia (2.119,3).

Una cuestión colateral a este asunto es el tema de los horarios: la diferencia entre el intensivo y madrugador horario laboral europeo y la jornada partida -con amplio descanso a mediodía- que por norma general rige en España. Un 42,1% de los trabajadores españoles, según el Centro de Investigaciones Sociológicas, tienen un horario laboral partido. Es un modelo que alarga la actividad hasta última hora de la tarde, con las consiguientes repercusiones en la conciliación con la vida familiar y el gasto energético, además de la productividad.

¿Hay otros modelos de trabajo?

Los datos mostrados confirman que la productividad no supone una mayor cantidad de horas trabajadas, sino, más bien, un mejor aprovechamiento de las mismas. De hecho, hay quien piensa, como el escritor canadiense Carl Honoré, que "trabajar más despacio aumentaría la productividad". En su libro Elogio de la lentitud se aduce, por ejemplo, el alto nivel de estrés que supone el alto ritmo de trabajo y las bajas laborales que eso conlleva.

El título de su libro recuerda mucho a aquel Derecho a la pereza que a finales del siglo XIX escribió Paul Lafargue, yerno de Marx, en el que proponía que la meta del sistema económico tendría que ser la reducción al mínimo del tiempo que se dedica a la actividad laboral para lograr una mayor satisfacción personal.

Este tipo de planteamientos están incluso de actualidad, con propuestas económicas como el decrecimiento que, aunque de manera tangencial, también ha estado presente en las protestas del movimiento 15-M : "En este país en el que estamos hace mucho tiempo que confundimos crecimiento y consumo, por un lado, con felicidad y bienestar, por el otro", indicó el profesor universitario Carlos Taibo en la manifestación del 15 de marzo con que dio comienzo la protesta. La canciller Merkel parece tener otra respuesta sobre donde reside la felicidad.