Lar von Trier
Lars Von Trier presenta en una rueda de prensa en Cannes su película 'Melancolía'. Yves Herman / Reuters

Hace dos años, Lars von Trier montó un escándalo en Cannes con Anticristo, aquella película sobre una pareja en descomposición que por lo menos le valió a Charlotte Gainsbourg el galardón a la mejor actriz de 2009. Este año, viendo que Melancholia ha pasado el corte con nota, ha decidido tirar la casa por la ventana en rueda de prensa. Provocador, y siempre bromista, el director hoy ha hablado sobre Hitler y el nazismo y de la misma manera que hace dos años hubo quien le tomó en serio cuando se autoproclamó "el mejor director del mundo", hoy también más de un redactor se ha tomado sus palabras como una defensa del nazismo.

Entiendo a Hitler, aunque hizo mucho daño. No era buena persona, pero puede entenderleLa proyección ha ido bien, con aplausos más que diplomáticos. El día parecía zanjado para un Von Trier que se reconcilia con Cannes después del tremendo varapalo que se llevó hace dos años. Y, de repente, la rueda de prensa. Preguntado por unas declaraciones que realizó a una revista recientemente en las que afirmaba sentirse atraído por la estética nazi, el realizador ha vuelto a sacar al bromista que llevo dentro: "Entiendo a Hitler, aunque hizo mucho daño. No digo que sea buena persona pero puedo entender al hombre. El hombre no es intrínsecamente bueno. Y yo simpatizo con el hombre. Soy un nazi". La bomba, sacada de contexto, acababa de explotar por mucho que von Trier hubiera repetido en dos ocasiones que estaba bromeando.

Y la cosa ya venía caliente porque antes de afirmar todo lo anterior, el danés había hablado de sus raíces: "Durante mucho tiempo pensé que era judío, y me gustaba. Pero luego descubrí que no, que mi familia tenía origen en Alemania, por lo que soy un nazi. Y me alegra". Dicho y hecho, el director de Bailar en la oscuridad, con la que se llevó la palma de oro en este mismo certamen hace ya once años, se había vuelto a colocar en la primera línea informativa.

Horas después, el cineasta se ha visto obligado a pedir disculpas por sus polémicas declaraciones. "Si he herido a alguien con las palabras que dije esta mañana en la conferencia de prensa, me disculpo sinceramente. No soy antisemita ni tengo prejuicios raciales de ninguna clase ni soy un nazi", ha afirmado Von Trier en un comunicado. La propia organización del festival cinematográfico "invitó" a Von Trier a explicarse por esas declaraciones. "La dirección del Festival toma nota y transmite las disculpas de Lars Von Trier. Reafirma que no admitirá jamás que el certamen pueda ser el escenario de declaraciones semejantes sobre esos asuntos", expresó la organización.

No soy antisemita ni tengo prejuicios raciales de ninguna clase ni soy un nazi Pero antes de llegar a tal extremo volvamos a lo interesante. Al cine. Y Melancholia es una cinta que le va a volver a reconciliar con el público después del fallido experimento de Anticristo. Esta vez asistimos a una historia partida en dos mitades. En la primera, von Trier nos invita a la boda de una de las protagonistas, interpretada por Kirsten Dunst, en la que las cosas se tuercen a medida que avanza la noche. Más tarde, en el segundo acto, presenciamos en primera persona el fin del mundo a medida que el planeta Melancolía se interpone en la órbita de la Tierra.

Vuelve el von Trier de siempre, centrado en las relaciones personales y en los personajes condenados a un final desastroso. Y a todo el conjunto le une una maravillosa fotografía, una gran elegancia visual -contar con un planeta de camino a chocar con la Tierra también ayuda- y un ritmo adecuado que desemboca en una gran cinta.

Sarkozy contra todos

Fuera de competición la otra comidilla del día era la cinta que narraba la carrera hacia el poder del actual presidente de la república francesa, Nicolas Sarkozy. The conquest es un relato en clave de comedia en el que Xavier Durringer narra, a lo largo de tres años, el largo camino lleno de obstáculos que acaba con Sarkozy en el Elíseo y con su mujer pidiéndole el divorcio.

El mayor acierto de The conquest es el juego a tres bandas que se establece entre los personajes de Sarkozy, Chirac y Villepin y que guarda los mejores momentos de la cinta. No faltan traiciones, puñaladas por la espalda, mucho cinismo y grandes dosis de mala leche entre ellos. Pero fuera de aquí, a la película le falta cierto ritmo para ser algo más que un entretenimiento puntual.

Por último, Cannes cerró ayer el círculo de directoras en competición con Hanezu, de Naomi Kawase. La nipona, cineasta de culto y habitual del festival, presentaba esta vez una historia de amor entre dos hombres que se pelean por una misma mujer. De estilo pausado, demasiado incluso, la relación entre el triángulo amoroso que propone la japonesa no acabó de cuajar entre los pocos asistentes.