'My Darlingtonia' ('Mi darlingtonia')
Óleo y témpera al huevo sobre tabla. La figura femenina sostiene una darlingtonia o lirio de la cobra, planta carnívora típica de California y Oregón ©Madeline von Foerster

En medio de la maraña de videoartes, abstracciones, postmodernismos alargados en el tiempo y sofisticación electrónica están los cuadros de Madeline von Foerster, desconcertantes en su aparente antigüedad y, por otra parte, nada anticuados.

La técnica que emplea para sus obras, es la misma que utilizaban los maestros flamencos del siglo XV, una mezcla detémpera al huevo y óleo.

"Con la témpera se puede pintar con exquisito detalle y las capas de aceite permiten suntuosas mezclas y realismo. Los dos materiales en conjunto ofrecen una luminosidad inigualable. La luz penetra en el óleo vidrioso y se refleja en la témpera, que es opaca", dice la artista.

Le gustan los relicarios y los iconos religiosos

Madeline, estadounidense de origen austriaco y alemán, es tan amante de la ciencia como de los relicarios, los cuerpos redondeados, los iconos religiosos de mirada hierática o la dulzura del humanismo.

Es a ratos medieval, renacentista y flamenca. Van Eyck, Van der Goes, Brueghel y Durero están entre los cientos de nombres y escuelas que la inspiran. Confiesa que le gusta "la belleza inherente al misterio".

No se trata de un más difícil todavía, ni de una mera imitación de los clásicos. La imaginería de los cuadros de Madeline es personal.

La destrucción del mundo natural define nuestra eraSus obras analizan de modo visceral, sin mensajes superficiales, el problema global que supone el deterioro del planeta: "La destrucción del mundo natural es lo que define nuestra era, igual que la devoción religiosa definió la Edad Media. Lo que me corresponde es adaptar mi arte a esta situación e intentar cambiarla".

En sus cuadros hay alegorías constantes: animales extinguidos o en peligro de estarlo, especies invasivas, sobreexploración pesquera, daños y mutilaciones de los ecosistemas en medio de una belleza canónica.

Para la artista, los relicarios simbolizan una visión distorsionada de la naturaleza. "Tenemos el deseo fetichista de coleccionar y exhibir objetos, sacarlos de su lugar para, supuestamente, entenderlos mejor. Pero lo contradictorio es que el modo de entenderlos es preservarlos en su entorno".