Marcin Poloniewicz
Captura de pantalla de un truco de magia que salió mal. YOUTUBE

La magia es uno de los espectáculos más antiguos y más recurrentes del mundo del espectáculo. Durante décadas, los ilusionistas han conquistado a audiencias de todas las edades con sus trucos o con su temeridad. Pero en ocasiones, estos números han acabado en tragedia. Gizmodo ha recopilado los nueve casos más sonados de números que acabaron de la peor manera.

Charles Rowan y el coche a gran velocidad

El mago sudafricano Charles Rowan era un famoso escapista. Su truco estrella era escaparse de una camisa de fuerza encadenada mientras un coche a 70 km/h se dirigía hacia él. Pero en un día de 1930, algo salió mal. Rowan resbaló y no le dio tiempo a quitarse la camisa de fuerza. El coche le arrolló y le arrancó una pierna. Murió casi en el acto. El piloto del coche, que era su asistente, quedó exonerado gracias a que, curiosamente pocas horas de su muerte, Rowan escribió una carta de exoneración para su empleado en caso de accidente.

Marcin Poloniewicz y un clavo en directo

Imaginen la escena: televisión polaca, programa en directo. El mago Marcin Poloniewicz se dispone a ejecutar un truco llamado Hidden Spike. Consiste en tomar un clavo de grandes dimensiones y esconderlo en una bolsa junto a otras dos, idénticas, que están vacías. El mago las mezcla y el reto consiste en romper las tres bolsas para descubrir que el clavo desaparece. Pero Poloniewicz, ese día, decide usar la mano inocente de una de las presentadoras, Marzena Rogalska. El truco salió mal y Rogalska se clavó la púa en la mano derecha. Sus alaridos de dolor lo dicen todo. La mujer acabó hospitalizada.

El entierro de Joseph Burrus

El mago Joseph Burrus se consideraba un heredero de Houdini y el 31 de octubre de 1991 quiso representar uno de los más famosos trucos del mítico mago, el de escapar de un ataúd. El mago es encadenado, se le mete en el féretro, y luego éste se entierra. El reto es salir del atolladero.

Burrus usó un ataúd de cristal y plástico. El féretro fue enterrado y cubierto con cemento húmedo. Tras unos minutos, Burrus pidió ayuda porque una de las cadenas lo asfixiaba. Fue auxiliado y tras ajustarse las cadenas, vuelve a intentarlo. Al caer el cemento, se oye un tremendo ruido: el ataúd se derrumbó por el peso. Cuando se sacó el cuerpo de Burrus, ya era demasiado tarde.

Antony Britton casi hace un Burrus

Hace un par de años, en 2017, el escapista británico Antony Britton quiso llevar a cabo el número del escape tras ser enterrado vivo, en su caso, sin ataúd. El reto era liberarse de unas esposas y arrastrarse a través de toneladas de tierra. Pero algo falló. Tras nueve minutos de agonía, y al comprobar que Britton no respiraba, los asistentes usaron una excavadora e incluso sus manos para sacar al mago. Por fortuna, sobrevivió.

El truco de parar una bala y tres ejemplos desgraciados

Uno de los trucos más conocidos es el que hace pensar al público que el mago es capaz de atrapar una bala con la boca, algo absolutamente imposible. Existen varios métodos, pero al estar relacionados con armas de fuego, la posibilidad que algo salga mal se multiplica.

En 1820, una matrimonio polaco de magos llamados los De Linsky intentaron ejecutar el truco. La mujer, que estaba embarazada, se ponía frente a un pelotón de fusilamiento formado por seis hombres armados. El truco consistía en que los fusileros debían insertar una carga en blanco en su rifle, pero uno de ellos no lo hizo y su bala impactó en el vientre de la mujer. El hijo que esperaba murió en el acto y ella, dos días después.

A principios del siglo XX, el mago neoyorquino Williams E. Robinson, que actuaba bajo el pseudónimo de Chung Ling Soo, usaba una pistola con un segundo cañón secreto. Un miembro del público cargaba una bala real en la pistola, pero se disparaba la carga en blanco del segundo cañón secreto. Pero el 23 de marzo de 1918 pasó lo peor: Robinson llevaba tiempo sin limpiar el arma y el polvo acumulado hizo que los dos cañones se dispararan. La bala real impactó en el pecho del mago, cuyas últimas palabras fueron "Oh, Dios mío, ha ocurrido algo. Bajen el telón".

Mucho más recientemente, el famoso mago David Blaine ejecutó el truco en 2016 en Las Vegas. Él mismo apretaba el gatillo frente a miles de personas, mientras sujetaba un protector bucal entre los dientes con una copa de metal que atrapaba la bala. El problema es que su escudo de goma se rompió y notó un impacto en su garganta. Tuvo que ser hospitalizado, pero vivió para contarlo.

La princesa atravesada por espadas

Es uno de los trucos más clásicos: una mujer, una urna y varias espadas atravesándola. En el año 2007, la artista japonesa Princesa Tenko se metía en una caja y 10 espadas la perforaban. La ilusionista tenía unos instantes para escapar antes de que las espadas penetraran, pero ese día no le dio tiempo a salir. Sufrió una mejilla y varias costillas rotas. Estuvo a un centímetro de perder el ojo derecho.

La espada de neón

Otro viejo número es del mago que traga sables. En este caso, el profesional en efecto lo hace, tras años de entrenamiento físico. El ilusionista Helmut Kirchmeier puso en práctica en 2012 su versión del número, usando en vez de una espada un tubo de neón. Pero un error de cálculo provocó que sufriera un agujero de 10 centímetros en la tráquea, lo que le provocó una hemorragia pulmonar. Estuvo semanas sin poder comer, beber o hablar. Nueve meses después, volvió a los escenarios.