Muchas personas no se dan cuenta del daño que hacen cuando se refieren a una persona transexual como un enfermo psíquico e incluso como un caprichoso con sus formas corporales. Yo les preguntaría si se imaginan estar encerrados en el cuerpo de una persona que no son y condenados a vivir de por vida con un sexo que no es el suyo.

La transexualidad es cuando una persona se identifica con el género opuesto a su sexo biológico. Los atributos sexuales con los que nace crean un conflicto con cómo se siente esa persona realmente. Por ejemplo, un hombre nace con pene pero al mirarse al espejo se siente horrorizado. Quiere una pubertad donde sus pechos se agranden y no tenga que aprender a afeitarse.

Estas personas se sienten encerradas en una vida que, consideran, no es la suya. El doctor alemán Harry Benjamin fue el primero en desarrollar un tratamiento hormonal que dio el pistoletazo de salida al tema de la transexualidad.

Transformismo

Hay otras personas a las que, simplemente, les gusta vestirse como se supone que lo hace el sexo opuesto, sin necesidad de querer cambiar de hombre a mujer o viceversa. Pueden utilizarlo como parte de su look o por motivos laborales ('drag queens'). Como la propia palabra indica, te transformas, cambias la vestimenta, el maquillaje o peinado sin tocar nada de tu cuerpo. Te gusta tu sexo y no lo quieres cambiar, aunque hay muchos que todavía califican esto de 'desviación'.

Considero que lo importante en la vida es el respeto hacia los demás. Transexuales y tranformistas no hacen daño a nadie, pero son señalados por una sociedad donde todavía se piensa, como diría Ana Botella, que «una manzana y una pera no pueden dar dos manzanas».