Hace poco leía en un blog de sexología que se nos había inculcado la idea de que el pene humano está diseñado para follar. Después aclaraba que a este verbo se le debería cambiar una vocal por otra para poder admitir que este órgano está más bien "diseñado para fallar".

La diferencia entre el ser humano y el resto de animales radica en la capacidad que tenemos para pensar y razonar. Así, el placer, la excitación y las ganas de mantener relaciones sexuales dependen del cerebro, y van más allá del puro instinto animal. Sin embargo, la incapacidad de raciocinio del ratón hará que su pene siempre esté erecto. Los hombres no tienen la misma suerte y si algo les baja la libido, su 'pajarito' también se vendrá abajo.

Una máquina imperfecta

Otro de los 'fallos' está en la forma en la que ha evolucionado físicamente el hombre y sus atributos sexuales. El pene es un mecanismo inestable que para poder ponerse erecto, necesita del buen funcionamiento de un sistema hidráulico. Aun así, y con lo que cuesta moverlo igual que sube baja. En mamíferos como los conejos, por ejemplo, no ocurre lo mismo, pues están capacitados con un pene menos vulnerable que se sustenta en un hueso o cartílago y que, por tanto, pueden mover a su antojo aunque no estén excitados.

Sin apoyo mecánico y con un cerebro que juega malas pasadas, seguro que hay muchos hombres que después de leer este artículo desean ser un ratón o un conejillo de indias que, aunque chiquititos y peludos, poseen un rabo más grande que su propio cuerpo y un pene incapaz de sufrir
gatillazos
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