"Quedarse para vestir santos." Esta expresión hace referencia a aquellos hombres y mujeres, sobre todo ellas, que al no encontrar pareja su destino quedaba relegado a vivir en soledad el resto de sus días. El origen de esta frase se encuentra en la vieja costumbre de acicalar iglesias y parroquias por parte de personas con tiempo libre, es decir, viudas y solteras que no tuvieran que cuidar de una casa, su marido y el resto de la prole.

Hoy en día hay profesionales que se dedican a este tipo de menesteres y los hombres y mujeres de un pueblo o ciudad que no tienen pareja pueden enfocar su vida más allá de los templos sagrados. Sin embargo, hay algo más inquietante que ser el punto de mira de una comunidad, más que te señalen con el dedo y peor aún que convertirse en el perro solitario de un pueblo...

Se llama Anuptofobia y emana del interior de las personas. El miedo a la soltería nace cuando encontrar pareja se convierte en una obsesión. Se muestra a través de la excesiva necesidad de encontrar novio o novia a toda costa. De no conseguirlo, toda las facetas de la vida, incluyendo amistades o trabajo, se convierten en un fracaso.

Hoy en día y gracias a las redes sociales es mucho más fácil encontrar pareja que en otros tiempos. Sin embargo, hay que tener en cuenta que no todo el mundo es lanzado, atractivo o simplemente tiene el don de gentes adecuado como para llevarse el gato al agua a la primera de cambio.

Hay quienes simplemente por el hecho de echarse novio pecan de obsesivos y pesados y nunca llegan a cuajar sus relaciones sentimentales. Por otra parte, hay quienes ven llegar el fin de su juventud y pretenden jubilarse de bares y garitos. Para estas personas es el momento de cambiar su vida, comenzar una relación sentimental consolidada y vivir el resto de sus días al lado de este ser humano.

Normalmente afecta más a mujeres que a hombres, el reloj biológico es el culpable de ello

Se activa en algunas mujeres una vez llegada la treintena y viendo venir los 40. Hoy en día, la vida no te obliga a tener hijos si no quieres o de querer tenerlos tampoco es necesario vivir en pareja. La idea de que las mujeres "sirven" para procrear está cada vez más anclada en el pasado. Una mujer no tiene fecha de caducidad y, como los hombres, no deben sentirse mal de llegar a una edad sin haber tenido descendencia. A pesar de ello, a muchas féminas les sigue inquietando cumplir años poniendo la mirada hacia un futuro en soledad.

Ser "solterona" o la forma despectiva con la que se habla sobre este estado responde al contexto sociocultural en el que se ha desarrollado una persona desde que nace hasta su etapa de madurez. En muchas mujeres aparece un sentimiento de angustia que se traslada al resto de áreas de la vida, incluyendo el trabajo, los amigos y la familia.

Esta actitud es como el pez que se muerde la cola. Es imposible intentar que a uno le quieran cuando del otro solo emana inseguridad, soledad o inquietud. Quién sufre anuptofobia es incapaz de darse a conocer tal y como es pues se inventa una personalidad para llevarse a la otra persona a su terreno. Su objetivo es tener pareja a toda cosa y a quienes tienen delante apenas le ponen nombre... Juan, Pepe o Marisa se convierten en cielo o cariño desde el minuto uno con el fin de formar el "equipo antisoledad."

¿Por qué hoy en día queremos seguir viviendo en pareja hasta el fin de nuestros días?

Muchos factores interfieren en ello. El sentirse respaldado a nivel afectivo o perteneciente a un grupo o comunidad que es la familia, de sangre o política. También influye el apoyo económico a través del cual afrontar un problema entre dos personas. Es mucho más fácil compartir gastos a que uno se pague al completo los propios. El sexo sin horarios, sin justificación, incluso sin ganas. Las relaciones sexuales después de una siesta o a horas intempestivas de la mañana en las que no dar explicaciones si no te has depilado o se te ha corrido el rímel.

Si hay algo que al final le inquieta al ser humano, más allá de tener hijos y criar una prole, es el hecho de envejecer junto a otra persona, compartir la vejez y sentirse acompañado de otro ser humano con la capacidad empática de aguantar sus vicios o costumbres. Aún así, la sociedad cada vez va evolucionando y las relaciones entre personas comienzan a dejar de llamarse noviazgo, matrimonio o ex marido. El ser humano es capaz de pertenecer a una comunidad desde que nace hasta que muere. Solo hay que ser empático. Y simpático. Entrenar el don de gentes es más efectivo para morir sabiendo que la soledad solo es una palabra que se encuentra en el diccionario.