Diogo celebra el gol
Diogo celebra el primer tanto del Zaragoza con Ewerthon y Juanfran (EFE). EFE

Uno de los mejores partidos que se han visto en lo que va de Liga tuvo el peor final posible: una pelea a puñetazo limpio entre Diogo y Luis Fabiano.

Fue algo penoso, vergonzoso, ver a dos deportistas darse de lo lindo, a lo Mike Tyson, en una pelea más propia de una taberna que de un campo de fútbol.

Todo empezó por un pisotón (dice Diogo que involuntario) del jugador del Zaragoza al del Sevilla en el descuento.

Fue penoso ver a dos deportistas protagonizar una pelea más propia de una taberna que de un campo de fútbol

A partir de ahí, todo se lió: de los reporoches se pasó a los puños y el enorme partido que ambos equipos habían protagonizado quedó en agua de borrajas, diluído como una gota en la lluvia.

Y es que hasta entonces había triunfado el fútbol, con dos equipos buscando la victoria en un encuentro pleno de ritmo y de intensidad, vibrante y espectacular.

Oportunidades

Empezó mejor el Zaragoza, más vivo y más ambicioso, ante un Sevilla que parecía tranquilo, como esperando su oportunidad.

Pero la oportunidad le llegó a Zaragoza. Diogo, omnipresente, marcó en la primera parte a la salida de un córner.

El Sevilla acusó el golpe: no pudo recuperarse en el descanso.

Sin embargo, el Zaragoza no bajó el ritmo: jugando con velocidad y profundidad consiguió el segundo gol en el inicio de la segunda parte.

Reacción del Sevilla

El partido parecía sentenciado, pero el Sevilla se empeñó en demostrar por qué es el líder y sacó lo mejor de su repertorio.

En el minuto 69 Luis Fabiano (vaya casualidad) marcó el 2-1. Quedaban más de veinte minutos por delante y los andaluces estaban decididos a remontar.

Presionaron al Zaragoza, que plegó velas esperando una contra.

El Sevilla se hizo dueño y señor del partido. Mordía en el centro del campo y encerró al Zaragoza en su área. Empezaron a cundir los nervios en el bando maño: en cada jugada de ataque se mascaba el segundo del Sevilla.

Pero el gol no llegaba y el Sevilla comenzó a desesperarse. Tanta fue la frustación de sus jugadores, que el partido adquirió un carácter épico.

Diogo y Luis Fabiano merecen ser castigados por arruinar un gran partido de fútbol

Y acabó en tragedia: en una pelea infame que hacía mucho tiempo que no se veía en un terreno de juego. Por hacer paralelismos, nos recordó a aquella que protagonizaron el Barcelona y el Athletic de Bilbao en la final de la Copa de 1984.

Penoso. Ahora sólo cabe esperar un fuerte castigo para Diogo y Luis Fabiano. Merecen ser castigados por estropear un partido que hasta esa pelea fue sencillamente espectacular.