Corredores en la Vuelta 2006.
Un grupo de ciclistas participantes en la Vuelta a España de 2006 (REUTERS). REUTERS

Han pasado más de diez ediciones desde que en 1995, el año en el que arrasó el francés Laurent Jalabert, la Vuelta a España comenzó a disputarse en septiembre. No siempre fue así.

De hecho, desde su creación en 1935, lo habitual es que la Vuelta a España se celebrase entre los meses de abril y mayo, justo antes del Giro de Italia. Aunque también hubo excepciones (1941, 1942 y 1948: entre junio y julio; 1950: entre agosto y septiembre).

Pero la que hasta el momento era la primera de las tres grandes, se mudó. "Notaremos el cambio para mejor. Vendrán mejores corredores", vaticinó Enrique Franco, director de la carrera durante la década de los ochenta y los noventa.

La carrera, organizada por Unipublic, sí creció. La prueba notó el tirón ocasionado por el rebufo de los años de Induráin, e incluso fue la última carrera por etapas de tres semanas que disputó el navarro antes de retirarse (1996).

Además, la Vuelta se inició por primera vez fuera de España (Lisboa acogió la gran salida en 1997).

Incluso se descubrieron puertos de gran renombre como el Angliru, que fue ascendido por primera vez en la edición de 1999 -la que para muchos fue la mejor edición de toda la historia-.

Los motivos del cambio

La Unión Ciclista Internacional apostó en los años noventa por una reorganización del calendario en la que el Giro, también tanteado para cambiar de fechas, no quiso participar. El Tour, directamente, ni se cuestionó un cambio.

Sí lo hizo la Vuelta, la más modesta de las tres grandes, aunque por momentos, siempre con anterioridad a la migración, se temió por el futuro de la prueba o por la falta de interés de los ciclistas en fechas tan tardías.

No pocos fueron los críticos, algo que aún hoy en día perdura. La UCI, que no tuvo que verlo claro, dejó abierta la posibilidad de deshacer los cambios durante unos años de plazo.

Sin embargo, el hecho de disputarse antes de los mundiales animó a muchos corredores a participar en la Vuelta para adquirir un buen estado de forma.

También la nómina de hombres rápidos ha sido excelente desde el salto a septiembre.

Pero la nota fundamental viene por el carácter de reválida de la Vuelta. La ronda española, al disputarse en septiembre y por tanto lejos de otros objetivos de la temporada, ha seducido a ciclistas necesitados de brillar, presionados por sus equipos tras un mal año, un mal Tour o un mal Giro.

"El que suspende en los exámenes de julio -por el Tour- está obligado a aprobar en septiembre", señaló en su día el director de un equipo español. No se ha llegado a esos extremos, pero se ha mejorado.

En busca de una identidad propia

Los diseños también han evolucionado. No son tan montañosos como los de Francia o Italia, realmente nunca lo han sido en toda la historia de la Vuelta, pero apuestan por etapas cortas y con la premisa de buscar mantener la emoción hasta el final.

Pero pocas estrellas han venido a disputar; todo lo contrario, mucho no se han implicado por la general y como mucho sí han buscado etapas.

Desde 1995, sólo cuatro extrajeros han vencido en la carrera propiamente dicha la Vuelta: el francés Jalabert (1995), el suizo Zülle (1996 y 1997), el alemán Ullrich (1999) y el kazajo Vinokourov (2006).

Los españoles, al igual que pasa con el Giro de Italia para los ciclistas transalpinos, es una cuestión de los corredores nacionales, los grandes animadores de la carrera.

En el caso del polémico Ullrich, en 1999 no pudo disputar el Tour por lesión y se desquitó en la Vuelta a España.

El ruso Menchov fue proclamado vencedor de la edición de 2005, aunque tras el positivo de Roberto Heras, que portó el jersey oro en la última etapa y fue desposeído con posterioridad.

La carrera se ha encontrado con problemas, como la coincidencia con el inicio de otras competiciones deportivas, como la Liga, que le restan notoriedad mediática.

Pero ha ganado en autonomía y, hoy en día, se cuestiona incluso cual de las otros dos grandes rondas está por detrás del Tour de Francia. Doce años después, la Vuelta ha crecido en septiembre.