Pelotón
Menchov, con el maillot de oro entre el pelotón. (Reuters)
Pintadas como "En España hay puertos, queremos verlos" o "Autovías, no; carreteras con paisaje" adornaban las rampas más duras del Monte Abantos, puerto que el pasado viernes acogió la última etapa de montaña de una Vuelta criticada porque su recorrido, falto de alicientes, no ha sabido enganchar.

La organización ha reconocido que los 52 kilómetros de la contrarreloj de Zaragoza, en la octava etapa, han resultado definitivos para el devenir de la prueba. Faltó más dureza. O la que había, repartirla mejor. También nos lo apuntaba Samuel Sánchez (Euskaltel).

Lo cierto es que la apuesta por llegar a localidades más pequeñas ha sido un acierto. Las cunetas han tenido más público que en ediciones pasada. No así las retransmisiones televisivas.

La cuarta etapa, con final en los Lagos de Covadonga, ha sido la jornada más vista de esta edición, con un 9,2% de cuota y 1.103.000 espectadores. Una media de 683.000 espectadores (6,2%) seguía la retransmisión de lunes a viernes, un 30% menos de los 957.000 de 2006.

Hasta el público quiere ayudar a un cambio. Unos aficionados, organizados en torno a la web Altimetrias.com, han repartido en los medios un extenso trabajo con propuestas montañosas.

Nuevas amenazas desde la UCI

La Unión Ciclista Internacional (UCI) ha amenazado a la Vuelta a España con que perderá su categoría y su prestigio si no se integra un sistema ProTour -un calendario con las mejores carreras-.

Las tres grandes rompieron con el actual ProTour y negociaban, sin éxito, las condiciones para el desarrollo de la temporada 2008.