Lo que mal empieza bien acaba. Más que ilusionante se presentaba la temporada para los seguidores blancos con el regreso de Capello, unido a la llegada de jugadores de la clase de Van Nistelrroy, Cannavaro, Diarra o Reyes. Pero los malos resultados en los primeros partidos de Liga y la derrota en Lyon en su estreno en la Liga de Campeones
hicieron saltar las alarmas en el conjunto blanco.

La victoria al Barça aplacó los ánimos blancos, pero el juego del equipo seguía sin convencer, el fútbol práctico de Capello no gustaba al Bernabéu. Además, el italiano se enemistó con dos pesos pesados del vestuario, David Beckham, al que apartó del equipo, y Ronaldo, al que forzó su marcha al Milan.

Con este ambiente enrarecido el equipo es eliminado de la Champions ante el peor Bayern de los últimos años. La marcha de Capello era más que esperada.

Pero en esos malos momentos las aguas volvieron a su cauce. El italiano perdonó a Beckham, el ambiente del vestuario mejoró y el Madrid comenzó a ganar. Se mejoró en casa y se mantuvo la buena marcha fuera, que han cimentado el título de Liga. Los de Capello se aferraron al título que en las últimas jornadas demostraron merecer.