Un atleta volador sobre El Nido. Ciencia ficción del siglo XXI en la China milenaria. El encendido del pebetero de los Juegos Olímpicos de Pekín nos ha dejado embobados. 95.000 personas en el Estadio Nacional y el mundo entero (una audiencia de más de 4.000 millones de personas) boquiabiertos ante una inauguración espectacular. La mejor de la historia. Un tópico. Cierto. Los juegos de la 29 olimpiada ya están en marcha. China ha entrado definitivamente en una nueva era: la modernidad.

La ceremonia se inició a las 8 de la tarde, del día 8, del mes 8 del año 8 (2008). Y arrancó con puro espectáculo oriental

Li Ning, legendario gimnasta y artista del cielo desde hoy, fue el último relevo de la antorcha. Antes hubo otros siete sobre la pista. Un hilo lo elevó en el aire pequinés, encendido por los fuegos artificiales y el calor del público. ¡Ohhhhhhhhhhh! ¡0hhhhhhhhh!

Pero lo bueno estaba por llegar. Suspendido en la atmósfera y empezó a correr por la pared. Totalmente inclinado, como un atleta. ¡Estaba volando! Voló mucho más que el hombre volador de Los Ángeles en 1984. Asombroso.

Concluyó la vuelta de honor. Toda la circunferencia de El Nido de Pekín. Se paró y prendió la mecha de un pebetero, majestuoso y enorme, envuelto en un gran lazo encarnado. Se hizo el fuego. China asombró al mundo. Li Ning ha pasado a la historia.

Pura magia en una sauna

La ceremonia se había iniciado a las 8 de la tarde, del día 8, del mes 8 del año 8 (2008). Y arrancó con puro espectáculo oriental. Sobre el tapiz del estadio 2008 percusionistas con magnos tambores tradicionales nos deleitaron con un espectáculo de luz, sonido y movimiento.

Le siguieron los primeros voladores, peces de todos los matices cromáticos, que venían de siete hilos que recorrían el tapiz de punta a punta desde lo más alto. Se desplegó un pergamino, base de todo el espectáculo, con signos de la escritura china, alegoría del origen de la civilización china. Después la ópera tradicional. El amarillo es total, ahora. Y el azul con la ruta de la seda. Después dragones, guerreros, la naturaleza, el agua... Tras ella, la paz, una gran paloma, el "ascenso pacífico del gigante asiático", comenta el colega de Levante-EMV, experto oriental.

Y la apoteosis: se construyó un nido humano dentro de El Nido. Todo era pura magia en una sauna de 95.000 personas. El color y el arte todo lo invadían y el calor, maldito calor húmedo también.

Siguió el desfile de atletas. La fiesta española. Y las estrellas. Todas allí delante de nosotros: Nadal, Federer, Bolt, Isinbayeba...Y en el cielo, que ardió con fuegos artificiales. Los Juegos ya han arrancado. Lo han hecho con mucha altura.