Lucas Vázquez
Lucas Vázquez. Luis Grañena

Lucas Vázquez es un romántico empedernido. Del fútbol, del amor, de la vida. Todo lo vive con pasión desmedida, juventud atrevida y risas, muchas risas.

Natural de Curtis (A Coruña), el extremo del Real Madrid se ha convertido, desde que regresara de su 'periplo de cocción' en el Espanyol, en uno de los jugadores más queridos por la afición blanca.

A sus 26 años -cumplirá 27 durante el Mundial- acude por segunda vez a una gran cita con la Selección, uno de los sueños que le acompañaban en cada balón que tocaba en el Centro Cultural Deportivo de su pequeño pueblo gallego.

Ese al que regresa cada verano para saltarse la dieta estricta de futbolista y comer callos, carne con tomate, riñones y pulpo -sus platos favoritos- en el bar de su familia que en la actualidad regenta su tío.

Acaba de estrenarse en la paternidad tras casarse con su novia de toda la vida el año pasado. A Maca le pidió matrimonio de una manera que hace honor a ese romanticismo que le define: se la llevó al cine, proyectó un vídeo que había confeccionado con imágenes de los dos desde que empezaron su relación y se arrodilló, como manda la tradición, para hacerle la gran pregunta.

El chico risueño y vacilón, a la par que vergonzoso, que cuenta esta anécdota entre carcajadas y timidez, es el mismo que, en su primera final de la Champions, en la decisiva tanda de penaltis, se acerca al punto de la pena máxima girando el balón con el dedo, cual malabarista. Seguridad abrumadora.

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