El tenista sudamericano, que alimentó su moral con el triunfo logrado en la víspera ante el argentino Guillermo Coria -"una persona -según dijo- a la que todos queremos ver perder", se difuminó paulatinamente ante la fortaleza del croata.

Ljubicic es una raqueta que camina sin ruido por el circuito y por la pista. Al margen de grandes maniobras, de golpes destacados, de esfuerzos innecesarios, su tenis se sostiene por la sobriedad y la firmeza, sin aspavientos.

Juego a juego fue minimizando al chileno, que dotado de la furia y el empuje característicos de su tenis encarriló su pase a semifinales con un solvente triunfo parcial en el primer set (6-4).

González se veía ganador. Las fuerzas le acompañaban mientras las de su rival empezaron a ponerse en entredicho. Lleva una buena paliza encima Ljubicic, que en las dos semanas previas ha disputado todos los partidos en Metz y Viena, sus dos últimas conquistas.

Aúna casi veinte días sin parar (quince victorias consecutivas). Y su estado físico se puso bajo sospecha. Todo lo contrario sucedió en Madrid, cuando compensó el segundo parcial tras anotarse su primer 'break' del partido y lo llevó al desempate, donde se mostró superior.

González empezó a dudar y fue ahí donde el croata subrayó su superioridad. Volvió a romper el saque del chileno en el quinto del tercero y llevó el partido a donde quería para alcanzar las semifinales -las terceras seguidas- donde espera al ganador del duelo entre su compatriota Ivo Karlovic y el argentino David Nalbandián.

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