Tania Lamarca
La ex gimnasta Tania Lamarca posa para los fotógrafos. JORGE PARÍS

La ex gimnasta Tania Lamarca (Vitoria, 1980), campeona de España, dos veces subcampeona de Europa, doble campeona del mundo y Medalla de oro en los JJ OO de Atlanta 1996, acaba de publicar Lágrimas por una medalla (Temas de hoy), un libro coescrito con la periodista Cristina Gallo, en el que narra sus vivencias desde poco antes de entrar en el equipo nacional de gimnasia rítmica (con 14 años) hasta su vida actual (con 27).

Tras el oro en Atlanta y unas vacaciones, iniciaron una serie de exhibiciones, prepararon nuevos torneos.... Pero Tania empezó a tener problemas de peso: "Cuando regresé a la concentración a mediados de septiembre mis compañeras se asustaron al verme. Sabía que había engordado, pero no supe cuánto hasta mi llegada a Madrid. Ni por dinero me habría pesado antes".

En un momento de desesperación me metí los dedos en la boca

Hubo muchos cambios: de seleccionadora, de casa, de retos, de ritmo de alimentación... Y Tania agravó los problemas de peso que ya tenía: "El desfase de la comida fue brutal. Tan pronto me saltaba las comidas como atracaba el frigorífico por la noche o picaba mientras estudiaba, algo imposible con Emilia. Perdí el control. Los problemas de peso se agravaron". Además, "aquél verano me hice mujer". María fue muy "comprensiva": "Pues ya sabes lo que te va a tocar. Comer un poquito menos, porque ahora tus caderas van a ensanchar, te vas a hacer mujer y engordarás".

Tania no había tenido muchos problemas con el peso hasta ese momento. Ahora, intentaba adelgazar y no lo conseguía. Un día "no sabía qué hacer y en un momento de desesperación me metí los dedos en la boca. Por fortuna para mí no conseguí vomitar e inmediatamente pensé que era una locura, que no podía seguir a cualquier precio".

El exceso de peso vale más que la experiencia

"Querían minar mi resistencia, que me fuese a casa como las demás. Técnicamente seguía bien, no consideraba que dos kilos extra me incapacitasen como gimnasta, así que me dije: 'Si no me quieren que me echen, pero no me voy'".

Cuando no puedes dar el resultado exigido prescinden de tus servicios y olvidan los conocimientos que atesoras

Un día le dijeron que se fuera a casa, y le dieron un mes para adelgazar. En su casa, sin la dieta de la escuela y sin entrenar, todo era más difícil. Si no adelgazaba, la echaban del equipo. Medía 1,58, pesaba 46 kg y la seleccionadora quería que bajara a 41.

En Vitoria sus padres le llevaron a un endocrino que dijo que la dieta que le había puesto la Federación era "justa. Para no quemar calorías: vamos, para moverte lo indispensable [...]. Si adelgaza enfermará. Si baja de los 43 kilos estará desnutrida. Por debajo de este límite, una niña del Zaire". Tanto ella como su familia lo tuvieron claro: "El 26 de diciembre dejaba el equipo. Si no adelgazaba, me echaría; si alcanzaba el peso, me iría yo".

"Cuando ya no puedes dar el resultado exigido prescinden de tus servicios y olvidan todos los conocimientos que atesoras. No eres más que la cáscara de una naranja a la que han sacado la última gota de zumo y te desechan sin tener en cuenta lo útil que puedes llegar a ser", reflexiona Tania.

El 26 de diciembre, día de la prueba final, tras toda la mañana sin probar bocado, comió, porque "la tensión y la falta de alimentos me habían provocado una lipotimia".

La pesaron a las 17.00 horas... pesaba 43,5. No superó la prueba. Lo único que pudo decir Tania fue que "creo que no me merezco salir así del equipo después de todo lo que he hecho. No creo que dos kilos puedan con toda la gimnasia y toda la experiencia que tengo".