Jordi Alba
Jordi Alba. Luis Grañena

Jordi Alba fue el jugador revelación de la Eurocopa 2012, la tercera conquistada por España en toda su historia. En la celebración del título, el ‘speaker’ oficial del equipo, Pepe Reina, le bautizó como MotoGP por la velocidad con la que sube y baja la banda izquierda.

Al lateral del Barça, entonces aún en el Valencia, le gusta el apodo, aunque el motor no es su fuerte. Ni siquiera tiene carnet de conducir, lo que suele provocar algunas bromas en las entregas de coches a los futbolistas azulgranas. En la última fue su padre a recogerle y Gerard Piqué sugirió que fuera él quien figurara en la fotografía del evento, en lugar de su hijo. 

A Alba tampoco se le dan mal las bromas. De niño, junto a varios compañeros de clase, se coló en el colegio cuando estaba cerrado y sellaron las puertas principales con una pistola de silicona. A la mañana siguiente no hubo clase, porque nadie fue capaz de abrir las puertas.

En los deportes era más disciplinado y cumplidor en todas las disciplinas, pero con el balón en los pies o corriendo era el mejor. Comenzó a jugar al fútbol de delantero y mediapunta, tanto en el Atlético Hospitalense como en la cantera del Barcelona. En su primera temporada en La Masia fue el elegido para poner la primera piedra en las obras de la nueva ciudad deportiva en Sant Joan Despí, acompañado por el entonces presidente, Joan Gaspart.

Lateral por estatura

A medida que cumplía años, su altura no le acompañaba y tuvo que retrasar su posición. El Barça llegó incluso a prescindir de él tras siete años y recaló en el Valencia, donde Unai Emery terminó de modelarle: de extremo pasó a lateral, siempre por la izquierda. El Barça le repescó en aquel verano de 2012.

Alba asegura que tras su buen rendimiento hay un cambio de dieta, sin bebidas carbonizadas ni comida rápida. Y es capaz de dormir hasta 15 horas en un día, entre la noche y la siesta

El perfil menos conocido de los españoles