La espalda y Wawrinka acaban con Nadal
Combo de fotos con Rafa Nadal siendo atendido por su lesión de espalda y Stan Wawrinka, con la Copa de campeón de Australia. EFE

La final del Open de Australia 2014 fue una de las más extrañas e impredecibles de los últimos años. Hubo tres finales en una. Rafa Nadal sufrió en dos de ellas y al final acabó cediendo ante el suizo Stanislas Wawrinka, que logró su primer torneo de Gran Slam en su carrera. Nadal se queda en trece.

La primera final dentro de la final transcurrió desde la primera bola hasta mediados del segundo set. Salió Wawrinka mejor que Nadal a la pista central del Rod Laver Arena. Más agresivo, con más confianza. Nadal estaba conservador, frío, desconocido. A las primeras de cambio, en el cuarto juego, el suizo le rompió el servicio a Rafa. A Wawrinka le valió con mantener su saque para llevarse la primera manga por 6-3. Era el primer set que le ganaba Wawrinka a Nadal en su carrera, pero no parecía nada insalvable para el balear.

Con el marcador de 1-2 en el segundo set, la lesión de Nadal puso la final del revésEn los primeros juegos de la segunda manga, Wawrinka estaba aún mejor que en el primero. Golpes ganadores, gran servicio... rompió el saque de Nadal en el primer juego y cuando el marcador era de 1-2, el partido se puso boca abajo.

Nadal se quejó de un dolor en la zona lumbar y pidió una pausa para ser atendido por el fisioterapeuta. Wawrinka entonces se fue también del partido, pero mentalmente. Primero, tuvo una bronca monumental con el juez, Carlos Ramos, exigiendo explicaciones. Y luego, la tuvo con el jefe de los servicios médicos. El partido se reanudó, pero fue una farsa. Nadal no corría por las bolas y Wawrinka se puso 5-1 en menos de diez minutos.

Pero el antiinflamatorio que le suministraron a Nadal empezó a hacer efecto y su tenis apareció, si bien lejos de estar al 100%. Le dio sólo a Rafa para ganar un juego y el set acabó 6-2. Rafa se retiró a su banco y preguntó al fisio si abandonaba o no. En ese momento, la final acabó. Si seguía, era por puro pundonor, pero sin opciones de ganar. Si abandonaba, no había más tela que cortar. Pero Rafa decidió regresar.

El regreso

Lo que parecía un trámite fue una demostración de que hay pocos deportistas tan fuertes mentalmente como Rafa Nadal. Aprovechando que Wawrinka estaba totalmente descentrado, el balear fue ganando un juego tras otro. El suizo estaba muy enfadado, gesticulante, nervioso, tenso. Nadal, que seguía manteniendo una cara de dolor como pocas veces se le han visto, acabó ganando el set por 6-3.

Medio lisiado, al 50%, Rafa ganaba un set en una final de Gran Slam. Pero Wawrinka se dio cuenta de sus opciones: estaba al 100% físicamente y tenía dos sets a favor. No podía fallar. Así, recuperó la confianza y en el sexto juego, rompió el servicio de Rafa. Con 2-4 se pudo permitir el lujo de no consolidar el break, pero lo volvió a lograr en el siguiente y ya sacando para ganar no dejó pasar la oportunidad.

Pero la victoria de Wawrinka queda ensombrecida por los problemas físicos de Nadal, mientras que la derrota de este último, atenazado por el dolor, adquiere unos tintes que saben a victoria.