Íñigo Cuesta
Íñigo Cuesta, sostenido por Carlos Sastre. MARÍA RODRÍGUEZ

A Íñigo le cuesta. Un juego de palabras fácil, pero también una realidad laboral. Íñigo Cuesta, 41 primaveras, el decano del pelotón, el inspirador de una de las marchas cicloturistas más bellas, 160 km entre Castilla y Cantabria y con cinco puertos, no tiene equipo para el 2011. "Me iba a retirar, pero me encontré bien en la Vuelta y como era mi reto decidí que seguiría si tenía esa opción. Aunque las condiciones actuales del ciclismo no son los mejores...", indica este burgalés de Villarcayo.

La de 2010 fue su decimoséptima participación en la Vuelta a España. Todas consecutivas y acabadas. Un récord que pulveriza, por ejemplo, los dieciséis Tour de Francia del holandés Joop Zoetemelk. "Con los números me pierdo, pero es la carrera más especial, la que más aprecio", dice.

En la pasada Vuelta portó el dorsal número 1. Un homenaje al gregario, a la generosidad de exprimir las fuerzas propias por la gloria parcialmente ajena. "Con la experiencia siempre mejoras en tu trabajo, y en el ciclismo, que es todo sacrificio, la experiencia tiene un valor adicional", admite.

Tres victorias

Criado como ciclista en el País Vasco, debutó en 1994 en las filas del Fundación Euskadi. Escalador. Contrarrelojista. Regular. Y exiguo palmarés: una Vuelta al País Vasco (1998), una etapa del Dauphiné (2000) y una etapa en la Volta a Catalunya (2005). Y ya. "Me han dicho muchas veces que podría haber aspirado a más. Tal vez. Estoy muy satisfecho".

¿Hasta cuándo esperar? "No tengo fecha. No me cuesta nada salir a entrenarme".