Un excelente Contador sobrevive al Mortirolo y llega de rosa a la crono final

Alberto Contador apura los últimos metros de la etapa junto al italiano Riccardo Riccò. (REUTERS)
Alberto Contador apura los últimos metros de la etapa junto al italiano Riccardo Riccò. (REUTERS)
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Había mucho miedo hacia las rampas del Mortirolo. Sus pendientes, siempre superiores al 10%, hacían
presagiar muchos ataques de la armada italiana, encabezada por Riccardo Riccò (Saunier Duval-Scott) y Danilo di Luca (LPR), hacia la maglia rosa de un acorralado Alberto Contador.

Pero el madrileño superó sin excesivas complicaciones la montaña de la vigésima etapa del Giro de Italia, 224 kilómetros entre Rovetta y Tirano que dejan las cosas casi como estaban para la general, con cuatro segundos entre el líder y Riccò y una contrarreloj para finalizar la carrera.

Y hay que destacar el "casi", ya que Danilo di Luca, el vigente ganador, el hombre que dinamitó la carrera el viernes en el descenso del Vivione y se aupó hasta la tercera posición en la general, cedió en el Mortirolo, penó en su descenso y los segundos fueron golpeándole en la tendida ascensión al Aprica.

Di Luca, que se dejó en la meta más de cinco minutos, perdió el podio en una jornada donde el rey de la montaña, Emanuele Sella (CSF Navigare), sumó su tercer triunfo parcial de esta edición, todos logrados en las jornadas más duras de montaña. Una tercera victoria lograda tras 6 horas, 52 minutos y 45 segundos.

Ritmo ágil

Contador ascendió el Mortirolo, el puerto que centraba toda la atención, con un ritmo ágil, dando sensación de comodidad. Sus ojos no transmitían nada. El de Pinto, de hecho, recurrió a unas gafas oscuras que disimulaban su gesto, que enmascaraban su rictus. Impenetrable.

Al Mortirolo los favoritos habían llegado agrupados tras una cómoda ascensión al Gavia que deparó movimientos por la etapa y dos fugas tácticas: el Astaná Toni Colom (compañero de habitación de Contador), el italiano Fortunato Baliani y el mexicano Julio Alberto Pérez Cuapio, los dos compañeros de Sella en el CSF Navigare.

Con Colom y Baliani destacados en el Mortirolo, el LPR y el Serramenti Diquigiovanni, el equipo de Gilberto Simoni, marcaban el ritmo.

Se preveía una inminente oleada de ataques contra Contador, que horas antes había visto cómo su compañero Andreas Klöden dejaba la carrera.

Pero no los hubo. Tuvo que ser Simoni el que, un día más, encendió la mecha. Lo intentó también el campeón de España, Joaquim Rodríguez. Respondió Sella, únicamente pensando en la etapa. Riccò, sabedor de las dotes escaladoras de su compatriota, siguió su rueda. Contador se pegó a la rueda de Riccò, sin fisuras.

Se repitieron los tirones entre Sella y Riccò, que materializaron en las rampas del Mortirolo el pique que mantienen, sobre todo por actitudes puntuales de Sella que, según Riccò, han beneficiado a Contador. Como cuando Sella tiró del madrileño en el Monte Pora. Y ese enfrentamiento dialéctico se materializó en la ascensión. Tensión entre porcentajes. Un tiro yo, pues yo tiro más, pues no tiramos ninguno.

Contador, soldado a la rueda de Riccò, devoró kilómetros, apenas aguantó un tirón intenso, y demostró que, en las rampas más duras de este Giro (la cronoescalada al Plan de Corones y el Mortirolo), el corredor del Saunier Duval-Scott no ha podido sacarle ni un segundo.

Descolgado Di Luca

Entre parón y parón, con Di Luca ya descolgado, Franco Pellizotti sufriendo y Simoni haciendo la goma (es decir, ceder unos metros con respecto a un corredor o un grupo, pero sin llegar a distanciarse del todo), seis ciclistas formaron el grupo de los elegidos: Contador, Riccò, Sella, Domenico Pozzovivo (CSF-Navigare), el ruso Menchov (Rabobank) y Joaquim Rodríguez. Los seis que dominaron un Mortirolo que, minutos antes, coronó en primer lugar Toni Colom.

El mallorquín de Astaná fue el comodín de Contador, rodando en cabeza, empeñado en ir por delante para acudir al rescate de Contador. No fue necesario. El ganador del Tour 2007 superó sus miedos al Mortirolo con un notable mientras Riccò, que perdía su última ocasión para vestirse de rosa, hacía patente su decepción con algún cruce de palabras con sus compañeros de fuga.

En el descenso del Mortirolo Colom fue neutralizado y llegaron por atrás Simoni, Pellizotti, el belga Vandenbroeck (la revelación del Giro) y, así, hasta una quincena de ciclistas. Pero en la ascensión a Aprica, tendida, en la que un ritmo alto implica más dificultad que sus porcentajes, atacó Sella. La etapa era el único objetivo. Trató de seguirle Simoni, pero Sella fue cogiendo segundos para coronar con algo más de un minuto sobre Simoni y más de minuto y medio sobre el grupo de Contador.

Los últimos kilómetros consolidaron la fuga de Sella mientras Simoni perseveraba en su intento de dejarse ver. Joaquim Rodríguez, en un servicio impagable para Contador, también atacaba y lograba llegar en solitario a la meta de Tirano, cerrando el cupo de bonificaciones y, por tanto, la posibilidad de un susto en el esprín final del grupo. De hecho, Riccò lo lanzó, seguido por Contador.

El madrileño afronta como maglia rosa la última etapa, 28,5 kilómetros contrarreloj entre Cesano Maderno y Milán. Este domingo, con cuatro segundos de ventaja, Contador aspira a ser el segundo español que venza en el Giro de Italia, tras el doblete de Miguel Induráin. Y, con 25 años, dar un paso más para ser el primer español con las tres grandes vueltas en su palmarés, la triple corona. En Astaná andan satisfechos con su corredor. El Tour se lo pierde.

Pero hasta el domingo aún no hay que cantar victoria. Un pinchazo, una caída, una curva mal trazada... Cuatro engañosos segundos.

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