Alberto Contador
Alberto Contador (Astaná), con la maglia rosa de líder del Giro de Italia 2008. EFE / BETTINI

"Quince años después de Miguel Induráin, otro gran español entusiasma a Italia". Con estas palabras el periódico deportivo La Gazzetta dello Sport, impulsor del Giro, alababa el lunes desde sus páginas, rosas como el jersey que distingue al líder, la actuación de Alberto Contador, il ragazzo di Pinto, en su carrera.

Un piropo mediático, un respaldo absoluto, una bendición para unos organizadores que han encontrado en el ciclista madrileño el mejor escaparate para dotar de dimensión y emoción adicional a una prueba que, no hay que olvidarlo, es una guerra habitual entre italianos. Como en España sucede con la Vuelta. En la general, de hecho, sólo tres de los diez primeros no son de esta nacionalidad: Contador, el ruso Menchov y el sorprendente belga Jurgen VandenBroeck.

"Con el estado con el que llegaba a la salida, sólo el hecho de ir líder es un éxito", explica Contador, que en su planificación de ir "día a día" tiene a su favor, a priori, una crono final que le beneficia. No sólo porque se defiende en la contrarreloj, sino porque las últimas cronos de las grandes vueltas suelen ser una cuestión más de los fuertes que de los especialistas. Y el ganador del Tour 2007, necesariamente, va a más en su estado de forma. Nadie se acuerda ya de que el Astaná fue invitado a última hora gracias a la presencia segura de Contador.

Pero antes de la crono de Milán, el líder deberá afrontar una etapa peligrosa con final en el circuito mundialista de Varese (jueves), una nueva jornada con final en alto (viernes) y una eterna etapa de 224 km con Gavia, Mortirolo y Aprica por el medio (sábado). El madrileño, aprovechando el día de descanso, tenía previsto inspeccionar en coche tanto la subida al Gavia (2.618 m, 20 km de subida al 6,6% y rampas del 16%) como la del terrible Passo di Foppa, más conocido como el Mortirolo (1.851 m, 12 km de subida al 10,5% y rampas del 18%). Ése es otro mérito de Contador: se está defendiendo sin conocer los puertos italianos más allá de los gráficos que suministra la organización. "No conozco ni el Angliru como para saber cómo son aquí los puertos", bromeaba ayer.

"Si hubiese existido un acuerdo en la etapa de La Marmolada, cuando atacó Pellizotti y Contador no iba bien, le hubiéramos dejado ya fuera del Giro", analiza Gilberto Simoni. Veterano, con dos Giros (2001 y 2003) y siete podios en total a sus espaldas, el corredor del Serramenti Diquigiovanni se lamenta por la falta de unión de los transalpinos. "Mi equipo y yo lo intentamos, pero nadie nos ayudó", matizaba Pellizotti. Hasta la pasional afición italiana, pancartas y pintadas mediante, está con Contador.

Las diferencias aún son mínimas, tanto que Di Luca o Menchov, los peor parados de la cronoescalada, están sexto y séptimo en la general, a 2: 18 y 2:47, respectivamente. Y todavía hay bonificaciones en juego (20, 12 y 8 segundos para los tres primeros). "Atacaré el vienes en La Presolana", avisa Di Luca, vigente ganador del Giro. Y con él coincide Riccò, a 41 segundos de la maglia: "El viernes es el único día para coger el liderato. El Gavia y el Mortirolo están demasiado lejos". Sólo un español, Induráin, fue capaz de ganar el Giro de Italia antes. Angelo Zomegnan, el director del Giro y ex periodista, sonríe. El Giro, su Giro, engancha.