Tom Boonen
Tom Boonen celebra el triunfo de etapa. (EFE) EFE

En el Giro de Italia o el Tour de Francia las risas, las chanzas y los gestos de complicidad más efusivos tienen su momento en la última etapa, tradicional homenaje para todos aquellos corredores que completan el reto de una vuelta de tres semanas, o en la zona de salida.

En el resto de etapas lo competitivo impera sobre lo festivo. Pero en la Vuelta Ciclista a España, no. La ronda española afrontaba su decimosexta etapa, 185,6 kilómetros entre Ponferrada y Zamora, y alguien decidió que había que protestar. Un "huelga de piernas caídas". Pedaladas de protesta. Un tercer día de descanso improvisado y con dorsal.

Y varias versiones circulando por los mentideros de esta Vuelta; una que decía que la etapa de Ponferrada era muy dura tras afrontar en la previa el Angliru. Otra, que Lombillo era muy duro y no aparecía como puerto de montaña. Una tercera, que la de hoy, con el largo y exigente Acebo (el Foncebadón del Camino de Santiago), un primera categoría que se corona a 1.525 metros, casi de salida, estaba mal diseñada. Johan Bruyneel, director del equipo Astaná de Alberto Contador, ponía algo de luz en televisión: "Ha habido acuerdo de subir el Acebo despacio, porque era un puerto muy duro, el más duro después del Angliru".

Cicloturismo en la primera hora

Así, en la primera hora, el pelotón rodó a una media de 15 kilómetros a la hora. Insultante.Una reposición de Verano azul. E indignante cuando las protestas hacia los recorridos del Tour y el Giro, muchos más dados a las emboscadas (sobre todo el Giro), son inexistentes. Como inexistente fue el espectáculo, el mejor reclamo que puede tener este deporte que quiere recuperar la credibilidad, camino de Zamora.

Los corredores "pasaron" de la Vuelta: 15 kilómetros en la primera hora. Cicloturismo. En atletismo, muchísimos corredores populares, nada de élites, completan pruebas de 10 kilómetros en torno a una hora. Una comparación sonrojante. Cierto que los ciclistas afrontan la tercera semana, cierto que hay que humanizar el ciclismo, pero con coherencia.

El ritmo mejoró con el paso del Acebo; atacaron el sevillano Jesús Rosendo (Andalucía-Cajasur), primero, y el colombiano Walter Pedraza (Tinkoff), después, se unieron y alcanzaron casi nueve minutos (km 53). Una diferencia "acordeón" que, ante un pelotón caprichoso, bajaba a los dos minutos y volvía a subir a los cuatro.

Un jugueteo que animó algo, mínimamente, la etapa. Eso y otras cosas: la retirada de los italianos del Lampre Damiano Cunego y Alessandro Ballan (ganador en La Rabassa); el robo de bandera, literal, que le hizo el Rabobank Juan Antonio Flecha a un aficionado estadounidense (ya se la pegó en el Tour 2007) y la picadura de avispa que sufrió Paolo Bettini, el doble campeón del mundo.

Boonen, el más rápido

Milram, Silence-Lotto y Quick Step endurecieron el ritmo a 30 kilómetros del final, cazaron a los fugados poco antes de la pancarta de siete kilómetros para el final, seis corredores se metieron por una vía de servicio y, pese a algún ataque, hubo final al sprint gracias al buen trabajo del Quick Step.

En la sexta ocasión que la Vuelta llegó a Zamora, la victoria fue para el belga Tom Boonen (Quick Step), el último gran velocista que quedaba en la carrera. En el peor horario previsto por la organización se anunciaba la llegada a las 17:53 horas. Boonen, que voló en la llegada a 56 km/h, cruzó la meta a las 18:48 con mucho público zamorano, paciente y entregado, en las cunetas.

En la general, ningún cambio: Alberto Contador sigue como jersey oro. Este miércoles, la decimoséptima etapa de la Vuelta a España unirá Zamora y el paseo Isabel la Católica de Valladolid sobre 148,2 kilómetros.