El equipo alevín B del Barcelona dio el pasado domingo un ejemplo de deportividad: se dejó marcar un gol después de haberse adelantado en el marcador porque no devolvió el balón a su rival, el Espanyol. Puedes ver el vídeo de la jugada (cedido por Barça TV) sobre estas líneas.

En plena polémica por el juego limpio tras el gol del Atlético al Villarreal con el jugador Guille Franco tendido en el suelo, los alevines del Barcelona y el Espanyol dieron toda una lección a sus mayores.

La página web del Barcelona cuenta que el pasado domingo, en la final del torneo de alevines Vila de Peralada entre el Barcelona y el Espanyol, el conjunto azulgrana se adelantó en el marcador tras no devolver el balón que los "periquitos" habían lanzado fuera al estar lesionado un jugador azulgrana.

Albert Puig, entrenador de alevín B del Barcelona, ordenó inmediatamente a sus jugadores que se dejaran empatar.

"A los cuatro minutos se lesionó un futbolista nuestro y el Espanyol, muy deportivamente, tiró el balón fuera. Entonces nosotros sacamos de banda y le dimos el balón a Mamadou, un chico africano que lleva dos años con nosotros y que está un un poco descolocado con el asunto. Se regateó a cuatro contrarios y marcó. Yo me quedé blanco. Rápidamente me acerqué al entrenador del Espanyol y le dije que lo íbamos a solucionar", cuenta Puig al diario La Vanguardia.

Puig ordenó a sus jugadores que se dejaran meter gol y que el portero se apartara.

Sin embargo, entre el griterío del público y las protestas del Espanyol, los jugadores del Barcelona tardaron dos minutos en enterarse de la orden de su técnico.

"El entrenador nos iba diciendo que le diésemos el balón al Espanyol, pero al principio no entendíamos nada porque los del Espanyol estaban enfadados y nos decían de todo, pero al final entendimos y les dejamos marcar".

"Es lo que teníamos que hacer", asegura Puig.

El partido prosiguió sin incidentes y al final el Barcelona ganó por 2-1 gracias a otro gol de Mamadou, al que el entrenador y sus compañeros explicaron durante el descanso que en situaciones así siempre hay que echar el balón fuera. Un lección que nunca olvidará.