Contador
Alberto Contador celebra la victoria en la cuarta etapa en la Vuelta Castilla y León. (EFE) EFE

RCS, empresa organizadora del Giro de Italia, anunció a comienzos de febrero su veto para los equipos Astaná y High Road como castigo por las acusaciones y casos de dopaje que salpicaron ambas formaciones en la temporada 2007. Para unos, el Astaná, ese 2007 significó una revolución en su estructura asimilando lo mejor del desaparecido Discovery Channel; otros, el High Road, perdían a T-Mobile como patrocinador e iniciaban una exitosa travesía por el desierto para demostrar que creían en un ciclismo limpio.

El veto de RCS no sólo suponía el Giro de Italia, sino otras pruebas gestionadas por los transalpinos como, por ejemplo, la Tirreno-Adriático, una carrera por etapas en la que el alemán Andreas Klöden, del Astaná, no pudo defender su triunfo de 2007. No tuvo esa opción. El alemán, por cierto, venció en la general final del Tour de Romandía, que concluyó hoy en Lausana.

Pero a una semana del inicio del Giro 2008, que arranca el próximo sábado con una contrarreloj por equipos en Palermo (Sicilia), la carrera rosa se ha decidido a contar con el Astaná siempre y cuando la formación acuda con sus grandes estrellas, fundamentalmente el madrileño Alberto Contador, ganador del Tour 2007, el estadounidense Levi Leipheimer y el alemán Klöden. En su momento justificaron su ausencia por la falta de un equipo competitivo.

"No sabemos que habrá cambiado en su mentalidad", indicaba Philippe Maertens, jefe de prensa del Astaná, cuando surgió esta posibilidad. "Es algo que está al cincuenta por cierto", matizaba poco después Angelo Zomegnan, el director del Giro. "Astaná nos envió su petición hace un mes con una propuesta diferente sobre la calidad de los corredores que participarían en la carrera", añadía. La insistencia del gobierno kazajo, principal patrocinador del equipo, ha sido fundamental.

El Giro se encuentra así con tres corredores de lujo, aunque habrá que ver cómo es la adaptación de Contador a una prueba que no tenía en su calendario, en la que debuta y para la que no está mentalizado. Su retorno, tras ganar en la Vuelta al País Vasco, estaba fijado para el Dauphiné Libéré, que comienza 8 de junio. "Me hubiera gustado saber que correría el Giro mucho antes, para poder preparar mi debut en esta carrera como es debido", señalaba el madrileño. "Me llega en un momento en el que no estoy a tope de forma. Voy a hacer lo que pueda", añadía.

En Italia lo tienen claro, todo por su carrera; cualquier aliciente es bienvenido. Como cuando en 1984 acabó una crono dentro de la Arena de Verona en la que Laurent Fignon y Francesco Moser se jugaban la maglia rosa. O, más recientemente, en 2006, cuando se acondicionó específicamente para la carrera una pista hasta la cima del Plan de Corones que no se pudo abordar por la climatología adversa.

O como en los ochenta, cuando ignoraban las grandes montañas para favorecer a Saronni, Moser y compañía como antes, en los años sesenta y setenta, habían hecho todo lo contrario. El Giro por encima de todo. O como cuando no dudó en salir en 1973 desde Verviers (Bélgica), desde la Ciudad del Vaticano (1974), desde Atenas (1996), Groningen (Países Bajos, 2002) o Seraing (Bélgica, 2006).