Miss indigente

Hay que tener mucho cuajo. O ser directamente idiota para organizar un concurso de belleza para indigentes. Ha ocurrido hace unos días en Bélgica donde una sin techo de 58 años se hacía con el título de “Mis Sin Techo de Bélgica”. Con corona, sonrisa y cetro incluidos.

Ahora bien, Thérèse Van Belle se ha alzado con el primer y último título del certamen de belleza más corto de la Historia. Porque ante el revuelo mediático, los organizadores decidieron que allí comenzaba y acababa la cosa.  Pero a quién se le ocurre. A una modelo, claro. Si la pobre no tiene la culpa. ¿Pero es que la organizadora, una tal Aline Duportail, no tiene amigos? ¿Una buena madre que la aconseje?

¿Pero qué se puede esperar de una chiquilla, antigua Dama de Honor de Miss Flandes Oriental? Si las Misses son todo corazón. Su mundo –como el camino hacia el infierno- está plagado de buenas intenciones. Toda ellas, sin excepción, desean la paz en el mundo y alguna que otra, incluso, opina que Rusia es un lugar muy grande donde hace mucho frío. En fin.

Tal vez, por eso, para hacer una Bélgica más cálida, a Duportail -de la organización Artefix- se le ocurrió una gran idea: Sacar a diez mujeres de la calle, hacerlas desfilar hasta en cinco ocasiones, asearlas, maquillarlas y vestirlas con sus mejores galas mientras las despojaban de toda dignidad.

Probablemente, Thérèse, la ganadora, tenga otra visión. Por un día, el espejo le devolvía la imagen de una mujer corriente en lugar de una mendigo desdentada. Además, consiguió el alquiler pagado de una casa durante un año. Ella no puede dejar de pensar que con lo que costó esa burda explotación de la miseria se podría haber financiado el techo de las diez participantes. Eso sí, guapas estaban un rato.