Estiércol en el río

El antiguo cauce del río Turia a su  paso por Valencia se convierte, cada tarde, en un campo minado de excrementos. No sucede esto por el incivismo de ‘propietarios' -o cuidadores- de perros, sino por la falta de planificación de las patrullas montadas de policías. Sí, así de triste y paradójica es la realidad.

Los agentes cumplen su función vigilante cabalgando por la pista de paseo y el carril bici. Pero mientras ellos trabajan sus equinos, silvestres, lanzan deposiciones al suelo. Y los brigadistas de limpieza no andan a la zaga -como ocurre en las cabalgatas de Reyes- para recoger esas deyecciones.

Total, que en la tarde-noche de cada jornada los caminantes y corredores deben de andar avizor para no hundir su pie en alguno de los centenares -y no exagero- excrementos ecuestres de considerables dimensiones que pueblan el río. Me parece perfecto que el Ayuntamiento multe a los vecinos que no recojan las heces de sus  perros, pero que se aplique también el cuento y no se limite a ver la paja en el ojo ajeno.

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