Oportunidad y problema

La inmigración está de actualidad. Unas declaraciones del concejal Pedro Romero sirvieron para ir abriendo boca, pero el plato fuerte es la regularización de inmigrantes ilegales que comenzó el lunes. Reconozco que hablar de inmigración me incomoda. Es tan difícil no caer en la demagogia, ya sea la de los buenos sentimientos, ya sea la de los bajos instintos.

No podemos evitar que miles de personas en busca de un futuro mejor traten cada día de colársenos, y que muchos lo consigan; es la realidad que se impone. Pero también es real que no podemos aceptar un número ilimitado de inmigrantes, que los fondos públicos que financian la sanidad, la educación..., son finitos, o que llegará un momento en que el mercado laboral no podrá seguir ofreciendo tantas oportunidades de empleo. Es injusto negar a seres humanos que huyen de la pobreza y/o de regímenes despóticos la posibilidad de alcanzar una vida más digna, pero también lo es llamar xenófobas o racistas a personas, por cierto generalmente humildes, que expresan su temor por tener que competir con los inmigrantes por un empleo, o por el uso de los servicios públicos.

La inmigración es una gran oportunidad para España, pero tiene sus problemas, y no desaparecerán por mucho que los ocultemos debajo de la alfombra de lo políticamente correcto.