Gracias por la píldora

Me emocionó la puesta en escena del lehendakari agradeciendo al consejero de Sanidad su audaz decisión de poner a disposición del pueblo vasco la píldora postcoital gratuitamente a partir de junio. Resultó muy cinematográfico. Pero la realidad de esta decisión se desparrama por los bordes. Que el anuncio oficial se realice de forma tan solemne me dejó helado. No me lo esperaba. Yo creía que estas cosas ya estaban garantizadas. Pensaba que vivíamos en una sociedad desarrollada del siglo XXI. Mejor hubiera sido dar un día de fiesta a los políticos para que a la sombra de los cerezos, ahora que es primavera, reflexionaran cuándo acometerán la revolución mental pendiente que ayude a muchos hombres a salir de la oscura caverna en la que viven. Porque los abusos a menores o la violencia doméstica siempre proceden de su trinchera. Olvidamos que ellas dirigen la educación, son más sensibles, viven la afectividad de una forma más solidaria, en fin, se encargan de mantener conectado el corazón y la cabeza. ¿Acaso no se tenían ganada la pastilla postcoital gratis desde la noche de los tiempos? Sin alharacas ni pompas de pasión, sino como algo vital.